El dinero sí lo es todo

El dinero sí resuelve todos los problemas. Esto lo saben muy quienes disfrutan de ingresos suficientes para darse la buena vida. Comer en los restaurantes caros con postres lujosos incluidos.  Porque el aguacate con dulce de leche, es manjar de altas alcurnias. Apostar en los casinos la casa y la mujer, pues afirman que lo material se repone y nadie acepta esposas despreciadas. El dinero sí lo es todo. Usted paga las cuotas del gimnasio y tiene derecho a mirar lo que pueda mirarse. Las chicas atléticas corriendo sin moverse en unos equipos del gimnasio concebidos para calmar las angustias, las malas noticias, los cumpleaños inevitables.

A quienes no les sobra el dinero no les alcanza para despedidas de solteras. Hay que llevar hombres desnudos. Las pingas grandes cuestan más caras que las pingas mediocres. El dinero crea problemas novedosos e interesantes. El dilema consiste en elegir entre el buen mozo deportista sin nalgas o el superdotado que no tiene cultura para brindar buenas conversaciones. El dinero crea problemas nuevos que se resuelven con dinero. Si no tienes fondos para usar una tarjeta de crédito platino te pierdes de viajar en aviones jumbo donde todo es copioso: la comida, las escenas de suspenso en las películas y los capitanes simpáticos que saludan a sus pasajeros. La suerte suele estar donde está el dinero.

Y no existe una definición de la felicidad que no contenga su parte de buena suerte. Que la brisa a veces llega por la vía inesperada, pero una cosa es estar abrigado cuando hace frío y otra cosa es no poder invitar a la muchacha al cine. El combo de refrescos y palomitas es más costoso que la entrada al cine, que los asientos del teatro nacional. El dinero resuelve los problemas eventuales asociados con la buena vida. Si en el hotel no hay piscina puedes elegir entre otros doce hoteles con piscina. Las lunas de miel con piscina enriquecen espiritualmente la trascendencia de la experiencia amorosa. El dinero sí lo es todo.

Pues no existe lugar o finca, club social o parque central que no exija gasto por presencia física, que la virtual reemplaza la realidad en la medida que tienes el estómago lleno. Con hambre no hay películas de horror que den miedo. Pasados los límites tu compañera quiere un hijo de verdad, uno que diga mamá cuando lo tocas.

En las iglesias piden dinero para mantener la iglesia. Los autobuses que van a la playa cobran precio por asientos, por paisajes. Si quieres montañas para escalar en tus sueños saca la cartera nueva. Los hostales de los caminos reclaman hacer reservaciones con muchos días de anticipación. Y es que la más simple de las definiciones de felicidad implican control del tiempo, pues la vida está distribuida en horarios y sueldos, vacaciones mal pagadas o cóctel de frutas sin frutas, para los que no pagan buenas propinas.

El poder del dinero consiste en imponer su voluntad quien paga bien. Así las mejores camisas las usan los millonarios con caballos de paso fino, unos artistas que cautivan a la más resistente de las intelectuales. Quienes reciben un masaje completo no reciben amor necesariamente, protestan los idealistas la secta que dice vivir feliz sin dinero. Como los locos que les dan maíz a  las palomas cuando están sedados. También se conforman con la playa que nunca han visto quienes no saben nadar. Y esto lleva a la aberración de no querer lo que no tienes, lo que no conoces.

Puedo ser feliz sin las piernas, en mi pueblo no hay caminos que lleven a la plaza mayor. Mis tatarabuelos bebían tequila, mis abuelos se emborrachaban con tequila, para qué quiero probar una piña colada o un cuba libre. Nunca he comido pulpo a la gallega, puedo ser feliz sin el mar. Así habla uno cuando es pobre. Cuando te ganas la lotería no importa derrochar el dinero en putas y viajes. La felicidad es aquí y ahora, sí. La felicidad es aquí en mi apartamento ahora que ya no tengo deudas. La felicidad es cuando no tienes problemas vinculados con la falta de dinero para prosperar. Para comprarte una mata de mangos y sembrarla ya adulta en el patio de tu casa. Entonces, comprenderás la expresión materialista dialéctica cuando dicen que esa cervecita que me gané trabajando, sabe a gloria.

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Vivimos en el futuro

Porque hace rato que llegamos al futuro. Porque muchas otras cosas vendrán después como entrenar delfines para certificarlos de espías, aunque esto ya se hizo o se intentó, y entonces estos peces rastrean submarinos enemigos, saben encender los botones rojos y en consecuencia existen las ocas sargentos, las palomas comandantes generales y los delfines jubilados con honores militares. Así que el futuro hace rato está entre nosotros con sus implantes de dientes exhibiendo mayor estética. Te puedes poner dientes falsos; la esperanza de los feos.

Entre muchos criterios para establecer la diferencia entre el futuro de antes y el futuro de ahora, podría afirmarse que quienes viven en el futuro soñado, el de antes, siguen  después del trabajo entrando en los bares a ver si consiguen pareja. Es un naturalismo retrógrado eso de inscribirse en clases de yoga para encontrarse con el amor de tu vida.

Naturalistas son quienes prefieren correr por los parques y no en un aparato para hacer ejercicio sin salir de casa. Otros se inscriben en los gimnasios para enamorar al entrenador o para que unas manos femeninas te hagan masaje linfático, el que activa  los motores apagados y se sale al mundo convencido de que las flores son buenas.

Quienes viven en el futuro de antes se visten de princesas ricas y ordenan lo más caro del menú. Están en el restaurante de lujo todos aquellos que sueñan con una pareja que elige comidas lujosas, el código básico entre los empresarios exitosos para conseguir una compañía que te suma, no que te resta, dicen por ahí.

Pero el futuro lo impone la tecnología un poder racional que gobierna el mundo. Aunque no se admite en público el posmodernismo hace rato que llegó y te facilita un catálogo donde eliges al hombre de tus sueños. Cómo es posible que usted haya estudiado medicina, gane el salario que buscaba, compre ropa donde le parece y lo más importante de su existencia, una pareja para compartir los avatares de la vida, dependa de la casualidad, de un encuentro fortuito en la sala de espera del dentista.

Vivimos en el futuro porque podemos explorar un catálogo digital de mujeres solteras y en diez minutos dispone usted de la información clave para saber qué persona le conviene. Quienes siguen presos en el pasado pierden ocho meses de su vida para recabar los datos sobre la personalidad del candidato para casarse. A la mayoría les toma dos años admitir que no se puede vivir feliz con alguien que toma café frío, no le gustan las albóndigas redondas y opina que el muro para separarse de México no importa que se trague toda el agua del planeta.

Vivimos en el futuro porque en diez minutos sabemos lo que no queríamos saber pero nos  ayuda a elegir pareja. El tío que se toma una foto sin camisa y tiene como mascota un puerquito inteligente está confesando que ser buena gente no es suficiente para luchar por la vida con otra persona. Unos agregan sus preferencias por los zapatos negros y las corbatas blancas. Es mejor saber a tiempo, si lo comprendes vives en el futuro.

La limonada con limones es la verdadera, pero lo más importante de la vida como elegir a la madre de tus hijos, no podía ser el resultado de un encuentro en la heladería. Se pone Penélope vieja cantando su canción mientras espera el regreso de Penélopo. Y con su doctorado en biología molecular se gasta la profesional medio sueldo en el bar hablando por hablar, riendo por reír. Y veinte meses después resulta que tu caballero es un neurótico de catorce toneladas.

Vivimos en el futuro porque según la inteligencia emocional el cerebro está el corazón. Y sabe cuando hay que saberlo, que los romances buscados por internet te dan la espectacular oportunidad de elegir con quien quieres estar. Y en el corazón tiene que estar el cerebro.

 

 

Las dos horas del orgasmo

No son dos ni tres, tampoco diez minutos. No se ha podido calcular la duración de un orgasmo. Imposible fijar la hora cuando el amor se cruza y el cuerpo reclama su fiesta con los toros sueltos, la bebedera de cerveza por toneladas, y antaño, la escritura de cartas de amor.

Dos horas dura el orgasmo si empezamos a contar desde que él deja de fumar y ella se quita la ropa. Siempre hay que esperar que algún pescador lejano sienta el hilo tenso y se imagine ocho libras de merluza, de pulpo octogenario, o un cofre lleno de monedas de plata. Los astrónomos quieren encontrar un agujero negro iluminado, aun en contra de la definición astro física de los agujeros negros. Nadie condenado a cadena perpetua resistiría treinta años sin la media hora de ejercicio al aire libre.

Según muchos el orgasmo es una ilusión. Comienza cuando se cruza la víctima de nuestras lascivias, también difíciles de clasificar. Hay quienes prefieren comerse una langosta de cuatro libras. Dicen que comer puede durar una hora y que un orgasmo se acaba en cinco minutos. Hay quienes eligen tirarse en caída libre de paracaídas debido a las intensas emociones indescriptibles mientras el cuerpo parece flotar en el aire.

Sin embargo, el orgasmo de Ana empezó en la fiesta justo en el momento que Juan la abrazó aprovechándose de un bolero interminable, porque antes los tres minutos de un bolero duraban toda la noche. La lectura de las cartas de amor era eterna. Toda la vida Carmen llevó en su sexo los poemas cachondos de Marcos. Pero los materialistas, los banqueros, arquitectos y profesores de solfeo insisten en que el orgasmo es placer biológico que dura lo que dura hacer el amor, es decir, cuatro semanas en algunos casos, y en otros, medio minuto de liberación. Porque el orgasmo es cuando tú liberas tu cuerpo de tus pensamientos.

Los viajes en barco duran tres días. Aunque duermas duermes en el barco. Si caminas estás caminando por ese yate privado que alcanza velocidades fabulosas. Según la academia de lenguas se define como beso el contacto físico de las bocas, y no precisan los académicos la duración del beso para poder distinguir un beso de falso amor de otro beso cuya pasión permanece en el cuerpo. Si el placer no pasa por el cuerpo no es placer.

Las dos horas del orgasmo incluyen la charla amorosa, las mentiritas susurradas al oído de Ricardo que todo se lo cree, en particular si los besos de la musa son de fuego. Entonces imposible determinar si el orgasmo después que explota en el cuerpo de la amada se extingue y  pasa al olvido. Pocos saben expresar lo que es un recuerdo: porque lo que pasó no ha pasado. Ana insiste en que tiene amores con Ricardo desde que éste le tomó la mano en el cine. Los materialistas suelen ser más burdos y le llaman noviazgo cuando se besan las bocas. El orgasmo viene después, que hasta el gorila sabe quitarse de arriba y empezar a golpearse en el pecho. Su orgasmo de macho.

Según el relato a Tarzán lo criaron los monos, por eso su orgasmo era vocear a todo pulmón luego de vencer a alguna fiera rebelde. Los corredores de formula uno aspiran a morir chocando a quinientas millas por hora, como se miden los orgasmos en las carreras de automovilismo. En la sociedad de los alcohólicos anónimos los orgasmos se miden por litros de vodka bebidos en una hora. Pero los franceses argumentan que el vino no emborracha, por eso el orgasmo francés tiene fama internacional.

No existe una duración estándar para los orgasmos. Que disparar la pistola y recibir el tiro no son la misma cosa. Unos miden el tiempo con los minutos del reloj. Muchos otros hablan de tiempo aprovechado si te pagan bien un salario. En notables casos excepcionales prometen los cantantes dejar de cantar cuando se mueran. Hay orgasmos que siempre llevamos en el cuerpo. Y le llamamos felicidad al simple hecho de estar vivos.

La dictadura de las idiosincracias

Todo el mundo entiende cuando se escucha hablar de idiosincrasias, mas nadie sabe expresar una definición completa del término. Y por eso quienes no pueden hablar recurren a los ejemplos: la idiosincrasia es el sabor a guayaba que tienen las guayabas. Cuando ves a un joven incólume mientras escucha su música a todo volumen es porque los de la segunda edad se comunican por medio de estridencias de sonidos y letras sin estética, pero se entienden. Le dices a un peruano que la pelota del fútbol es más redonda que la bola de béisbol y ya empezaste una amistad. La cultura de un pueblo es todo ese universo de códigos que construyen una identidad. Y así se impone la dictadura de las idiosincrasias.

Antaño respondía la muchacha con frialdad a las galanterías de un apuesto mozalbete. En silencio y con las miradas cada cual hacía su papel en el romance. La mujer sabía hacer bien todo lo irracional: rechazar pretendientes con actitudes de consumada actriz. Dos segundos de silencio significaban sí pero no. Tres segundos de indiferencia equivalen actualmente a ya te dije que sí pero cuando yo decida. El olor a estiércol de los parques hace apenas cincuenta años era un elemento clave para sentirse seguro en el banco del parque. Idiosincrasia es cuando tú dices más con el cuerpo que con la boca. Sin vino en la comida no estamos en Francia. El policía mejicano sabe a quien ponerle una multa injusta.

El idioma de tu país te lo impone la sociedad, la abuelita generosa, el hermano juguetón. Y cantas en inglés, te ríes en ruso, piensas en chino, te enamoras recibiendo orquídeas aristocráticas. Con el té y bien sentado busca el japonés convencer a sus invitados de la paz en el mundo. Tiene que haber un sol en la playa para irse a nadar con los amigos de turno. Playa en español significa goza que la vida es corta. Es un código compartido tácitamente: la vida es corta, vámonos de juerga.

Lo de bailar sin música es de locos. Al zoológico se va los sábados mientras chateas por internet, estudias solfeo y planeas tu viaje a las montañas el próximo diciembre. Algo tienen las idiosincrasias de taco de trigo, un invento malo que funciona. Porque se adapta el prójimo a las dictaduras como al matrimonio de veinte años. No te preguntaron si querías llamarte Rebeca pero no te va mal con ese nombre. En Inglaterra Rebeca significa que sientes orgullo por tu barrio. En Portugal los varones se llaman Ronaldo para que lleguen a ser futbolistas profesionales. Idiosincrasias es cuando dos borrachos discuten estando de acuerdo.

Los chinos fusilaban cortando cabezas. Ahorcar a la gente es un método bárbaro de pena de muerte en los países donde la principal fuente de energía viene de las centrales nucleares. Lo de bailar sin música es de locos. Se llama incesto al rechazo natural por el sexo entre parientes. En algunas ocasiones aunque te guste el aceite de oliva en las ensaladas nada justifica bailar sin música.

Dicen que los besos es cosa aprendida. Somos los humanos humanos por la necesidad social de comunicarnos. Y sin embargo, es una dictadura actuar culturalmente según los códigos de tu comunidad. Ya no se escriben cartas de amor. Unas cosas se aprenden y otras se abandonan. Y por culpa de un malentendido se casan y son felices muchas parejas. Pocos tienen un concepto claro de lo que significa idiosincrasias, pero todo el mundo sabía que Pavarotti cantaba mejor con su plato de raviolis con salsa de tomates rurales. Que los quesos tipo alta cocina son buenos si huelen mal. Que los códigos algo tienen de secretos culinarios maternos para ser culturalmente aceptados.

 

 

 

Los curas de la política

Se distinguen por ese hábito de criticar todo. Los elefantes pasan hambre en el zoológico. Las compotas de zanahoria no están hechas de zanahorias. De cada diez niños nacidos en febrero, catorce no saben montar bicicletas. Los pinos sembrados en la última campaña pro-medio ambiente chupan más agua que las piscinas de los grandes hoteles. El arroz integral alimenta pero si lo consumen con salchichas italianas. Nadie aprende francés en dos semanas, eso es pura propaganda. Miente el gobierno cuando promete acabar con la delincuencia desorganizada, la que sí sabe atracar bancos.

Es un deporte criticar por criticar, a falta de una genuina vocación por comprender los mecanismos que hacen funcionar el mundo. Los motores de los automóviles contaminan el aire, no obstante, los curas de la política prefieren el transporte privado, pues alérgicos son muy notables por rechazar los autobuses, las playas populares o las empanadas fritas en aceite pobre.

Los curas de la política tienen como profesión criticar al gobierno de turno. El público siempre pide más sangre. Baja la popularidad de las carreras fórmula uno si no chocan veinte y se mueren dos. Son aburridos los pueblos donde están prohibidas las corridas de toros.  Los linchamientos de ladronas aficionadas. Cuando llega el circo con los leones la gente está a la expectativa de los accidentes sensacionales: se matan tres acróbatas durante la primera función. Y el gobierno debió inspeccionar las redes de protección. La calidad de las sogas y el servicio de meteorología tenía que avisar de los cambios de temperatura en Vietnam. Es más fácil criticar la ensalada ganadora del concurso de los chefs de ensaladas que llenar por completo un crucigrama.

Los curas de la política ejercen mucho periodismo, la actividad laboral que los acredita como profesionales de la crítica. Y el presidente debió dejar sin sus cargos a quienes no publican sus activos en el banco. Y el ministro de agricultura se robó doce mil cepas de plátanos, las sembró en el patio de su residencia secundaria y elevó su patrimonio en un doce mil por ciento. Y hablan mucho y rápido y convencen porque suelen ser parcialmente ciertos sus comentarios críticos. Pero fallan todos con la prueba del colmadón.

La prueba del colmadón consiste en dejarlos que administren un colmado por tres días, tiempo de sobra para arruinar el negocio. Si no fías hoy no regresa la gente a comprar mañana. Y si prohíbes la música alta emigran los vividores, los que se beben la cerveza por litros. Y una cosa es criticar y otra montar el caballo. Y es un deporte hablar de los altos precios de las medicinas, sin embargo, les confías una farmacia y antes de una semana tienen que vender hasta pastillas de agua, las que se tragan los vividores creyendo que es medicina. En esta vida hay que coger y dejar. Es cosa de intelectuales saber mucho. Otra cosa es ordeñar la vaca.

Frente a las cámaras de televisión es uno propenso a criticarlo todo. Y con sus artículos por la vía del periodismo escrito redactan bien sus quejas, el anhelo de que fracasen funcionarios y gobernantes. Se vive de malas noticias. Es imposible señalar las cosas positivas. Un buen comediante suele exhibir mayor ingenio para criticar la oreja de los conejos.

Criticar es ya parte de la idiosincracia de una comunidad.  Cualquier chiste es bueno. Nos levantamos escuchando en la radio a estas personas dedicadas a informarnos. Y nos vamos a la cama recordando todo lo que no hace bien el sindicato de chóferes. Y son unos curas si aceptamos que ellos tienen derecho a la propiedad privada de la ética correspondiente para diferenciar lo legal de lo ilegal. Y por supuesto, ustedes son los buenos. Ustedes que en el gobierno aprenden a redactar decretos, es decir, a hacer lo mismo que los domadores en el circo. Les dan de comer gente a los leones para que estos animales se dejen dominar.

 

Para enloquecer con dignidad

Libertad divino tesoro me acosas sin piedad pues eso conlleva la soledad: mucha libertad, demasiado tiempo disponible para hacer lo que nunca te imaginaste: enloquecer con dignidad, o que otra cosa ocurre mirando los miles de canales de televisión o los vídeos por el celular. Suele decirse que el bosque no deja ver los árboles. Tantas noticias malas trivializan el impacto de una tragedia inminente: el calentamiento global esa película ya la vi, se mueren los osos vagabundos, se derrite la nieve fría y queda la nieve caliente, pues total el frío no le gusta a nadie.

Cada loco con su tema, y punto, y todos felices y contentos. Para que le dé por tirar piedras mejor que haga esculturas con latas recicladas, con tornillos, con los cables que se les cruzan a las personas expuestas al mundo del consumo; divino tesoro: compras una almohada y te regalan otra. Si le das la vuelta al mundo en ochenta días te llega un trineo para viajar a la Antártida,  el continente nuevo por aprovechar. Si compras una casa en esa región te regalan una alfombra de piel de oso.

Cada loco con su tema. Luego de esperar una novia durante los últimos diez años de su solitaria vida Jorge comenzó a coleccionar velitas de cumpleaños. Toda su felicidad fue su infancia. Cualquier travesura de niño es cosa normal, pero sabe Matilde que participa en los carnavales de verano para mitigar penas y recuerdos. Lo de ponerles nombres a los peces es comedia sana; los amigos se ríen, las esposas se preocupan, las abuelas lo lamentan, los amigos se ríen: los peces gordos tienen nombres gordos. Los peces bisexuales disfrazados de mascotas tienen nombres de gente famosa: Caruso, el tenor más grande del mundo cuando el mundo era chiquito. Shirley por Shirley Maclaine, muy vanguardista ella con sus recetas para seguir soltera y no echar de menos las folladas de reconciliación de pareja.

Iván el terrible, así se llama el perro con el cual ve la calle el dueño ciego. Y existe la ceguera parcial, la ceguera romántica, la terquedad del intransigente con sus teorías solipsistas para evaluar poemas. No puedes separar la voz de la boca que habla, afirman.  La soledad te deja libre para razonar derecho y pagar tus deudas. La soledad es una amenaza para perder el juicio. Y Jorge habla con sus peces de noche, cuando no se puede separar la oscuridad de la inmarcesible galaxia. Y dice la broma que hablar solo es una cosa, pero discutir con uno mismo ya es un asunto mayor.

Para enloquecer con dignidad cada quien escoge el camino más largo. Por ello se idealizan los paisajes durante el recorrido por los campos. La ciudad permanece bella y estática por unos minutos vista desde un avión. El optimismo llena el vaso y eufórico se expresa el prójimo de su candidato a senador. Si habla bonito es bueno, si es bueno ayudará a los pobres. Y cada loco con su tema insiste la chica que todo lo ve con su cerebro esquizofrénico. Su inteligencia paranormal separa las cosas y todo lo ve por partes: el queso nada tiene que ver con la vaca. Es abrigo aunque no te lo pongas durante el invierno. Es un tambor porque el tumulto, el despelote, la refriega, la locura la lleva por dentro.

Para enloquecer con dignidad el escritor comienza a escribir sin saber cuál será el final de su novela. Escribe mientras piensa y los árboles no dejan ver el bosque. Escribe sin haberle puesto un nombre de sirena a su musa imaginada, la que lleva diez años sin llegar. Y solipsista es el sistema filosófico que el mundo lo que ve como un conjunto dialéctico. Si nieva en la pampa argentina hace calor en la Antártida. Con la boca de comer se besan los enamorados. Y dualismo es cuando dejas de luchar por un mundo mejor y aceptas las cosas como dicen que son: existía la pobreza antes de que inventaran a los pobres. Hay quienes tocan la guitarra de una sola cuerda. Y es música, pues todo es relativo, y para los gustos se hicieron los colores, y cada loco con su tema, coño.

Para fusilar a los voluntarios

Siempre aparece un idiota levantando un brazo para ir a rescatar cotorras perdidas, para limpiar playas curtidas por la soledad y los condones, para llevarles talleres de lectura a los presos analfabetos. De quien menos te lo esperas en la reunión surge el voluntario dispuesto a reorganizar las nubes para que llueva en los desiertos.

Los voluntarios suelen ser personas buenas, pues lo de irse a los zoológicos a bañar a los leones no lo hacen los egoístas, otra categoría humana mayoritaria en la sociedad, ese cúmulo de nacimientos cada dos minutos y muertes cada diez, por lo cual aumenta la población y los problemas de la supervivencia. Pero surge la mano de obra voluntaria para ayudar a sobrellevar a los demás las adversidades.

Para implementar consecuentemente teorías económicas de reputada solvencia hay que fusilar a los voluntarios. A los que se prestan para cuidar ancianos. A todos aquellos devotos de las buenas causas, si es que aceptamos lo de darles comida a los desamparados como ejemplo de una buena causa.

A la hora de reunir un grupo de voluntarios para reforestar las montañas siempre están disponibles los desempleados, muchos vividores de variada estirpe y por supuesto mentes sanas en cuerpos sanos, con frecuencia, los primeros en sembrar veinte árboles por minuto. Terminan de leerles los cuentos a los niños enfermos en los hospitales. Se distinguen por hacer bien el trabajo desinteresado, patriótico.

Para justificar políticas de austeridad o control del gasto público, funcionarios y empleados del gobierno apelan a los fanáticos de las buenas causas para limpiar parques, sembrar tomates, recoger tomates, reciclar envases plásticos y drogadictos pacíficos. Duran poco los proyectos que dependen de la gente buena, poca en cantidad, y floja respecto a la constancia que exige reforestar, alfabetizar delincuentes, preparar la pizza más grande del mundo, pelar cebollas para las cenas de navidad o recoger ropa rica para los pobres.

Para fusilar a los voluntarios es inevitable recurrir a los voluntarios dispuestos a reducir la población dispuesta a trabajar sin cobrar dinero. De alguna manera hay que recompensar la labor altruista. No es recomendable salir por la madrugada con frío de invierno para eliminar al prójimo.

Pero de vez en cuando irrumpe un volcán malo y mata miles de personas, porque también recurren a las leyes de la naturaleza ideologías sobre el control de la economía. Y matan las enfermedades. Y se llevan familias enteras las inundaciones. La extrema derecha dice que se equivocan los soñadores, todos aquellos que creen arreglar las cosas con un plan de control de la natalidad.

Para fusilar a los voluntarios hay que llevarlos a sembrar arena en los desiertos,  que convivan en los manicomios con locos auténticos, que les de comer a los  muertos en las residencias para la tercera edad, pues se destacan los buenos espíritus por abrazar causas perdidas.

 

El amor en las subastas

Terrible eso de estar sujeto a las vicisitudes del día a día. Depender de la suerte para resolver asuntos graves. Que salvo un clima adverso y muchos pájaros locos, el viaje en avión se realiza controlando todas las variables, incluso la de saber las horas de sueño de los pilotos. Son insólitos pues los accidentes de aviones y trenes. Raro que salgan defectuosas las medicinas. Las computadoras no tienen sentidos, en el sentido en que las personas dependen de la vista para caminar derecho o del cerebro para pensar con racionalidad. Pero el amor depende de la suerte para cobrar  vida.

Estudias y haces un doctorado en derecho internacional. Llevas una agenda con las veinticuatro horas del día, ya que tanta auto consciencia nos permite configurar las pesadillas y los sueños durante la vigilia, esos momentos de escape de la realidad, llámese empleo de arquitecto o controlador aéreo. Los radares dicen lo que está pasando por los cielos, o en el fondo de los mares, pero el controlador tendrá que tomar decisiones humanas. Y es esta una variable cuantificable.  El amor a primera vista, en cambio, surge de un encuentro fortuito.

Se define como casualidad lo que ocurre de modo imprevisto, si bien no deja el corazón solitario de estar preparado para las invitaciones inesperadas, las cenas de trabajo, los funerales de jefes detestables, los cumpleaños de parientes lejanos.  El amor se consigue en las subastas, allí donde se venden caro los objetos inservibles, o se compra por un precio ridículo una alfombra mágica.

En las subastas se ofertan todas las cosas existentes. Desde un cuadro famoso a la pistola del asesino en serie más reverenciado por la cultura de masas. Se llenó la sala de gente rica para comprar la máquina de escribir de Rosario Ferré. Hasta se venden las espadas que han cortado cabezas aristocráticas. Pero poseen la subastas más allá de su dinámica social el control de los destinos del amor. Tanto viajar y leer buena literatura y dependemos de un encuentro en el supermercado para conocer a ese desconocido que será nuestro compañero de amor.

Los calendarios de la vida comunitaria llevan explícitos los días feriados. Los fines de semana largos para prolongar fiestas y celebraciones. Y aún sin confesarlo, tienen los muertos siete días para elegir el viernes o el lunes. Algo tiene que pasar en cualquier momento, y así queda el amor a expensas de situaciones imprevistas. Y cuando llueve para arriba más se persignan doctos y letrados para encontrar compañía. Que el amor es muchas cosas y una sola: tener con quien compartir.

El amor en las subastas reparte suertes, que todo lo planeado desorganizado funciona si hay dos candidatos para negociar espejismos y currículos de trabajo. Caminan las personas media vida por senderos anónimos. Creen los muchos en paisajes y fotos bonitas. Se arrogan los desdichados el derecho a ser felices, es decir, a tener con quien desayunar por las noches, o merendar por las madrugadas, que la felicidad se sabe lo que es cuando llega.

Lo de esperar es otra crueldad anunciada. Y les pasan los años por el cuerpo a quienes mejor preparados se consideran para amar. Si no es el jueves es el martes, en el supermercado, en la farmacia; esperando el autobús para salir de la ciudad, que a veces escondida en un rebaño de ovejas clonadas se esconde la musa de mis poemas. Otros creen que en alguna parte del tren van a chocar con ese empresario con casa propia que quiere tener catorce hijos.

Aprendemos a dormir en la vigilia convencidos de que tan magno suceso, el de encontrar pareja depende de la ruin suerte, de las subastas que reparten riquezas y pobrezas. Unos se la pasan muy bien vestidos en el lugar equivocado a la hora menos aconsejable. Otros creen en el amor con religiosa ecuanimidad. Tanta inteligencia tienes Verónica y sin embargo no vas a la Iglesia a meditar, allí estás todos los domingos porque si me quedo en casa no voy a conocer a nadie. Y es verdad, hay gente que se saca la lotería, ¿por qué no yo?

 

 

 

Lo asertivo de la asertividad

Donde se baila es fiesta, dice el criterio básico para una definición de fiesta, lugar que reúne amistades, correligionarios, espías, desamparados y muchas otras especies de personas. Pero se perdió el consenso en el mundo de la gastronomía. Nadie posee la última definición de qué es una ensalada y por qué tiene fama de humilde el té verde. Lo asertivo de la asertividad tiene como base una comunicación lograda. Y sin embargo, el chocolate causa migrañas, estreñimientos, saltos equivocados del caballo del ajedrez. Porque yo digo una cosa y el prójimo entiende lo que quiere entender.

Lo asertivo busca un intercambio justo para ambos hablantes. La vida es una constante negociación de argumentos: que la producción de cacao aumentó la oferta en el mercado, luego pues hay que bajar los precios. Hasta aquí todo parejo, aunque para unos muchas pasas convierten la ensalada en postre y para la mayoría todo es cuestión de proporciones.

Grande es grande en el mundo si todos son elefantes. La tecnología facilita los entendimientos siempre que se trate de piezas de repuestos de autos. Por eso gana tanto sueldo el jefe de la wolkswagen, porque se vendieron un millón en Europa en el primer semestre del año en curso. En el mismo periodo hubo que indultar a miles de corruptos buenos. Pablo Escobar sostenía económicamente con sus sobornos a media población de Medellín. La inteligencia emocional aún tiene que tomar en cuenta la coyuntura política.

La asertividad es una estrategia de comunicación. No obstante, no todos los medios justifican los fines. Para calmar a la población se arrestan a los presuntos delincuentes. Para hacer posible la gobernabilidad se liberan a los delincuentes confesos. Dormía el sereno durante la noche del atraco, juran las estrellas. Con todo, el pacifismo, el de las marchas patrióticas, es una estrategia que tiene como postulado su verdad más controversial: el fin no justifica los medios.

Quiere uno escuchar al prójimo y encestar dos puntos más en el canasto del baloncesto. Ganar el partido. A la postre cada jurado es libre de expresar su decisión: baila mejor la mejor pareja. Armonía en los movimientos del cuerpo. Fluidez afirman los redactólogos es lo que exhibe el discurso coherente, legible, asertivo. Y gana el concurso el ponche de frutas tropicales. Equilibrada proporción de mangos, piñas, melones, bananas.

Lo asertivo de la asertividad promete un pacto ideológico que permita la comunicación. Para cosas sencillas, digamos, una limonada, todo es cuestión de exprimir limón al agua. Pero la paz, esa luna de miel que se acaba durante el baile, los orgasmos y las promesas, es paz si se mantiene la tasa de cambio, la estabilidad monetaria. Funciona el gobierno que coordina bien los agentes que intervienen en el mercado, ese fantasma que existe, porque los agricultores venden sus productos. Y a la vez, ya en un plano cultural, es asertiva una comunicación aunque yo te dé la razón que no tienes, si acaso busco que se mueva la carreta sin los bueyes.

 

La aristocracia del Tango

Se impone el baile porque el cuerpo pide libertad. Lo que en monedas de a centavo puede desmenuzarse y otros dicen, entretenimiento sin complicaciones, pues, de lo contrario, suele la mente ociosa volver complejas las cosas. La aristocracia del Tango nace y se hace, destino imposible de lograr para quienes sólo confían en el talento. Pero cuidado, que tenía buena puntería la soldado y devino en letal francotiradora.

Según la teoría de la evolución, al gusano le salieron patas. El campesino se aburrió de tantas ovejas idiotas y comenzó a cantar primero, luego a tocar la guitarra y finalmente Paco Ibañez resultó un nombre artístico. El comienzo de las cosas lo decide arbitrariamente el hombre. Lo consigna la lingüística cuando afirma que a eso yo le llamo manzana, y a lo otro lo llamo oveja. Y puede ser al revés. El tango ya viene con la aristocracia que lo distingue, que los bailes de carnaval son para divertimento del pueblo. El fútbol de campeonatos tiene sus reglas de juego sagradas. Hay siempre orden en el desorden. Cada cosa a su manera.

Saben los deportistas que la clave del éxito depende de la disciplina. Que los escritores de novelas son esclavos de los horarios elegidos, porque la experiencia no se improvisa. A bailar se aprende bailando. Lo de forjarse unas credenciales como juez imparcial toma años. Se cometen más errores que aciertos en esta vida. Diez años después del matrimonio sabes que no era amor lo prometido al comienzo. Hay que darle tiempo al tiempo, reclama la sabiduría, y entonces dicta sentencias justas el juez ante casos complejos. Pues nada es simple. Roba el ladrón no tanto por hambre, sino por frustraciones. Yo también quería casarme con traje de novio.

A bailar con clase se aprende. Del mismo modo que los planes bien organizados facilitan la ejecución de los proyectos. Le llaman vocación a la capacidad ejercida por la chica para manejar su discurso. Lo de saber argumentar toma años. La abogada joven era brillante de inteligencia pero faltó ecuanimidad para ganar siempre. Lo de bailar es un deporte si lo ves como ejercicio. Lo de bailar Tango con gallardía exige templanza, pasión por las cosas bien hechas, que mediocre es quien nunca ha visto la magnitud del universo. Lo de bailar Tango con aristocracia es cultura si lo ves como arte.

La aristocracia del Tango impone sin políticas públicas su pasión por la aventura interior, esa que se regocija leyendo poesía, lenguaje silencioso. Pero el Tango también es música de barrios y callejones. Y según la evolución de la sociedad, pues se va acabando el machismo inculto y se crean novedosas formas de machismo culto, que no pega puñetazos ni discute. Prefiere sí la mujer al hombre con carácter pues sabe lo que quiere el varón. Todo es un juego con reglas arbitrarias. Las artes marciales inculcan la fuerza espiritual para evitar el uso de la fuerza física. La mujer en el Tango se deja llevar porque eso es lo que busca, bailar con inteligencia.

Más pudo la elegancia de unos pasos de baile acordes con la sencillez de algo profundo que las estridencias del bacanal y el forcejeo de otros bailes. Imposible evitar las comparaciones. Para gozar sin rumbos establecidos una buena salsa, que también tiene su pragmatismo, su vanidad. Sin embargo, para bailar se nace y se hace, como cantar o escribir. Quiere la aristocracia del Tango que usted tenga clase y cultura fuera y dentro de la fiesta. El estilo no se improvisa. Nace y se hace.

 

 

Recogiendo la toalla

Porque en algún momento de no me acuerdo dónde la voluntad deja de ser el factor dominante y tiramos la toalla. Dejamos muchos planes inconclusos. Nos hacemos promesas para empezar el día y ya a las tres de la tarde las promesas son recuerdos. Se impone el estribillo según el cual la esperanza es lo último que se pierde. Como si no se extraviaran los datos claves de nuestra biografía. Lo importante no fue aprender a escribir con la extinta máquina de escribir. Tocar la guitarra motivado por sus arpegios cada vez más complicados. Nos pasamos la vida recogiendo la toalla, volviendo a empezar.

O volviendo a terminar aquello ya acabado. De aquí surge el excelente argumento de la reelección presidencial. Si lo ha hecho bien, que siga, pues de todas maneras no bastan noventa años para vivir una vida. Queremos más de todo lo que ya tenemos. Las bodas de oro son la celebración de la convivencia en pareja. Que muchas cosas duran demasiado y sobrevivir es entonces una vaina. Sobrevivir por sobrevivir. Pero nunca se cansa la gula de comer por comer.

La esperanza es lo último que se pierde, te repiten. Imagina por un instante que las bolas de cristal revelan las verdades del futuro. Y se ve claramente: nunca apareció el empleo ese que buscabas. Tuviste que recurrir a los ahorros de toda una vida para pagar el tratamiento contra el cáncer. Maribel tu hija se casó con el hijo de tu peor enemigo. Dice que te quiere y no obstante, justifica todas las delincuencias de su suegro. Y la póliza de seguro se negó a pagar tu entierro, que porque el carro te atropelló de noche y no de día.

Es mejor no saber, repitieron y consignaron los sabios. Engaña el futuro con sus promesas sin cumplir. Porque dejaste siempre para mañana lo que debiste hacer ayer. Y tiraste la toalla y empezaste a beber para olvidar. Los celulares vienen con unos juegos muy interesantes: la bolita roja se come a la bolita azul. El bueno acaba con todos los malos gracias a su espada de rayos láser. Te advirtieron siempre los sabios del coaching educativo que tomar una decisión es algo imposible y muy sencillo a la vez. Blanco o Negro. Dejas de fumar y ya, ni un cigarrillo más. Te casas para siempre que son todos los años venideros. Y si te casas te portas como marido, trabajas y mantienes tu familia. Si te casas no te acuestas con otros hombres. Y te quedas sin saber cuanto pesa la trompa del elefante.

Entonces te la pasas recogiendo la toalla. Vuelves al gimnasio. Rehaces tu testamento y le dejas a tus hijos ingratos la casa, los libros, y una finquita donde te escondías de los amigos fieles, que aburren con tanto cariño, sí, pero nunca ponen plata en tus cumpleaños. La esperanza se define racionalmente cómo lo que tiene que pasar porque les pasa a otros. Entonces a mí también, que no soy el más feo. Creo en la democracia, voto en las elecciones y nunca me robé los cubiertos de un restaurante.

Cuando todo el barrio duerme y tu vecino está contando dinero sucio en su armario, porque nadie sabe que le hace trampa al fisco, te das tus vueltecitas en pantuflas, te pones la pistola en la boca, y lo sueltas porque sabe mal, luego en las sienes pero así tampoco que duele demasiado. Y vuelves a recoger la toalla.

El taoísmo sin el Tao

El taoísmo sin el Tao viene a ser como la pasta italiana sin el trigo y sin los italianos. Los osos polares sin el frío. La lluvia sin las nubes y muchas más cosas más cuya identidad no se puede determinar sin la esencia que la caracteriza.

Es, sin embargo, como filosofía, una estrategia útil para enriquecer el camino, aquel que se define tanto o mucho más por su valor metafórico. Exquisita combinación del objeto y su significado. No se puede definir al canguro sin verlo libre por las llanuras saltando como un canguro. Quiere el taoísmo la convivencia de los contrarios en armoniosa dialéctica. La boca y los besos. El fuego y la madera. Y ya en franca metáfora, porque las palabras son metáforas, instrumentos que dicen una cosa u otra, y se abre el coliseo para que unos lloren por la muerte del gladiador y otros la celebren.

El Tao se define por un absoluto muy por encima de la humana comprensión. Me invitas por lo tanto a funcionar contrario a mis limitaciones de ser mortal. Puedo, no obstante, vivir el camino por el cual ando a la vez que trascender las terrenas realidades por mi capacidad de subjetividad, de percepción, de racionalidad. Y mantengo el control del camino.

Asumimos el Taoísmo sin el Tao, sin divinidad alguna. El taoísmo como filosofía materialista, que son materialistas las uvas, los edificios, el mar o el cielo lejano y cercano. El taoísmo como filosofía puede enriquecernos existencialmente sin imponernos su principio absoluto y totalizante.  El universo infinito puede medirse con nuestra tecnología. Pusimos una nave exploratoria en Marte. Hacemos transplantes de corazón, el órgano que funciona como una máquina.

Se concibe al obrero idéntico a la mano práctica que manipula artefactos, utensilios, motores, y bloques de cemento. Y resuelve los problemas sin entender los problemas últimos de la existencia humana. Estamos de acuerdo con respetar la naturaleza de la que somos parte. Y tiene el agricultor una simbiosis con la totalidad del campo sin buscar el Tao. O como le quieras llamar de otros modos o religiones.

El Taos no es un Dios. Nuestro tango argentino se baila como una religión que inventamos los hombres para conciliar taoísticamente la congoja, la venganza, el placer físico y el amor.  Porque una definición del amor implica la reconciliación permanente entre la realidad del mundo y el deseo sexual por la pareja que nos acompaña.

Asumimos el Taoísmo sin el Tao. Vinimos al mundo sin que nos preguntaran por el país donde queríamos crecer. Hablamos una lengua que escuchamos en el barrio, que no elegimos. Y se ríen los rusos de sus chistes rusos. Y creen los andinos en las fuerzas ocultas de la montaña. La libertad es una oportunidad de elegir y hacer camino al andar. Que la poesía es un lenguaje que funciona con metáforas. Y el camino se camina con el cuerpo y la consciencia, donde cada cual guarda su Tao personal.

 

 

 

 

 

 

La trama detrás de las coartadas perfectas

La trama detrás de las coartadas perfectas

De sublime inteligencia resultan esas explicaciones que transforman un barco hundido en un submarino nuclear. El amor se demuestra por el número de regalos oportunos. Más vale confesar a tiempo antes de que las evidencias te delaten. Por eso vivimos la vida estableciendo coartadas casi perfectas; esas útiles para engañar al prójimo buena gente, pero que, después, funcionan en contra de nuestros propios planes.

Ya no se vive de las buenas intenciones de la maestra. Antes o después descubrimos su incapacidad para convencernos de cosas obvias, pues no roba el ladrón por dinero sino por hábito. Mentira eso de terminar de pagar la casa en doscientas mil cuotas. Pero nosotros sí estábamos donde no estábamos. La coartada perfecta surge del sentimiento de superioridad con el cual imponemos nuestra visión del mundo.

Luego de mucha perseverancia, esa energía interminable, sale del laboratorio la penicilina a prueba de críticas, y despiertan los muertos, y envejecen los vivos. Pero nosotros nos hacemos los enfermos para consumir antibióticos. Con un día en la cárcel escriben sus monumentales biografías gente que no sabe disparar una escopeta.

La clave de la trama convincente  es más seductora por el arte de mentir para hacer verosímiles mentiras obvias. Se arroga la abogada fiscal la condena final a muchos delincuentes. Sí estaba el acusado en el lugar de los hechos, del mismo modo que el mariscal Tito de la antigua Yugoeslavia sí mandaba cuando era el jefe de aquel país. Henry Ford tercero heredó y desarrolló el imperio Ford. Él ya había nacido antes de que el papá inventara el primer automóvil.

Para ganar las elecciones Clinton tuvo que vivir otra vida que no había vivido. Fumó mariguana pero de la mariguana para niños, la que viene rellena de chocolate y almendras. Tienes que saber con cincuenta años de anticipación dónde estabas y a qué hora cuando se editó el primer diccionario de spanglish. Para ser presidente de los Estados Unidos de México de fin de siglo veintiuno debías haberte tomado una foto comiendo tamales afroamericanos. La trama consiste en casarte por dinero para sobrevivir en un matrimonio en la India. Y sin querer queriendo acabamos de demostrar científicamente la existencia de la reencarnación.

Todas las noches la esposa policía interroga amorosamente a su esposo propiedad sobre las actividades realizadas durante el día. Todas las noches los maridos delatan los pormenores más importantes del día comentando lo que entienden son trivialidades. Sin querer queriendo, eso de llenar el carro de gasolina antes de pasar por la lavandería a recoger los pantalones de militar condecorado, es una coartada pueril para disfrazar la media hora en casa de la amante.

Los amores prohibidos son fascinantes por aquel arte exquisito de incluirles verdades a la historia falsa. Existe la gasolinera, las palomas pero no el parque, ya no venden aspirinas dulces en la farmacia, eso sí, el mejor remedio contra las migrañas son los helados de diclofenac con aloe vera. Y para justificar su falta de apetito sexual, los maridos sospechosos muestran la foto de cuando participaron en una huelga de hambre. La foto es de verdad. La huelga de hambre fue de mentira. La policía era de verdad. El rector de la universidad era cierto que trabajaba para el servicio secreto del gobierno. Y amantes son las gallinitas simpáticas que te chupan el sueldo.

La clave de las tramas persuasivas radica en el control del futuro. Para que usted se pueda besar con su amante mañana a las diez de la noche, tiene que inventarse un aeropuerto con aviones, cosa creíble. Un alza mundial en los precios del acero líquido. Pero no se olvide de haber sido discípulo de Mahatma Gandhi; eso sí, en la otra vida.

¿Dónde queda el extranjero?

¿Dónde queda el extranjero?

En los frijolitos dulces medio tomateados de las latas de alimentos, en los carros con tracción delantera, motor de dinosaurio vegetariano, motor inteligente de los autos japoneses. El extranjero se encuentra en la crema humectante de los cosméticos de los franceses, que venían para quedarse con las novelas de Heléne Cixous, Boris Vian, quien promovía como iconoclasta de fuste la idea vanguardista de morirse joven, y lo cumplió.

Los pasaportes biométricos adelantan la aventura de viajar por otros países antes de subir al avión. Sin querer queriendo, cuando los terremotos aíslan aún más regiones desamparadas tales las zonas rurales de Nicaragua, los campos de arroz de Thailandia o los barrios oscuros de Bogotá, el mundo se solidariza y envía sus productos típicos extranjerizantes hacia las zonas devastadas.

Nunca en sus vidas habían comido los haitianos víctimas del terremoto del 2009, unas alubias españolas con sabor a obreros honrados. El extranjero quedaba antes fuera de mi país, en otro lugar donde llueve para todas las clases sociales, pues según me dijeron, con sueldo de barrendero pagas alquiler de príncipe en Italia.

El extranjero quedaba antes en las canciones de Chuck Berry, en el juego de destornilladores Stanley. Cuando destapabas por vez primera un termo categoría Perdidos en el Espacio, todos los negritos queríamos ser rubitos inteligentes. Pero hubo un país del mundo que se tragó dos bombas atómicas y antes de veinte años ya importaban los autos Honda por todo el mundo. Con una motocicleta Suzuki los campesinos de Zacatecas, de Barahona, dejaban atrás las letrinas, las peleas de gallos y hasta los olores de minas profundas para irnos al extranjero, localizado en el centro de la capital.

Se puede ir al extranjero con una película en tres dimensiones. Luego están los taxis pequeños enormes por dentro, pues un diseño Star Trek en la cabina de mando con música digital te saca de tu barrio. En los años setenta era posible estar tres veces casado. Los detectives eran tus amigas ricas y ociosas quienes a menudo reportaban esposos descontrolados comprando tallas petite en las tiendas de ropas. En Venezuela gracias al petróleo, se entrenaban a desempleados para espiar maridos e infidelidades.

El extranjero está en los anuncios clasificados de todos los días: Se dan clases de garbanzos a domicilio. Vendo mi hamburguesa de una libra, salsa barbecue  incluida.  Por motivos de jubilación con sueldo permanente, vendo mi aparta estudio. El telecable sólo tiene cuatrocientos noventa y siete canales. Para adoptar: cotorra muda.

El extranjero ya está por todas partes. Y los metamensajes ambiguos, y anti familia, los encuentras pro activos en el papel higiénico con aroma a petulantes manzanas chilenas. Con razón se duermen sentados los empleados de las grandes tiendas de muebles. El extranjero quedaba en la luna, ya ni eso.

En tres horas llegas a Acapulco que quedaba en México. Francia e Inglaterra descontinuaron el Concorde ya que el viaje resultaba tan monótono como la tortilla española. El GPS de los autos te advierte con demasiado realismo esquizofrénico sobre las posibilidades de saldar tu tarjera de crédito azul con tu tarjeta de crédito verde. La casa de Pablo Neruda en Isla Verde, quedaba en el extranjero, ya ni eso. Cuando Kadafi era el malo de la película a Carlos el terrorista de alguna manera se le admiraba; el extranjero quedaba en los aviones secuestrados. Sí, señores del jurado.  A Fujimori lo condenaron a veintiséis años; nadie protesta. Carlos el terrorista era en realidad un gordito consentido de buena familia. Las pizzas dominicanas son más italianas que en Roma.

Teología de una siestecita

Teología de una siestecita

Así en diminutivo para reconocerle transcendencia a las necesidades del cuerpo, a las trivialidades de la lucha por la supervivencia, a las excusas pendejas mentiras suaves por todo su peso circunstancial, ya que el tiempo presente es el único problema real, de acuerdo a la teología de fondo en la cual se basan los razonamientos, los epitafios categoría dos, aquellos que expresan con pocas palabras los destinos imprevistos  de una vida.

No se miden con tiempo y relojes las evasiones del espíritu, del alma o de la consciencia. Una siestecita no dura quince minutos. Los besos de amor se disfrutan para siempre, de otro modo es imposible soñar.

Los sacerdotes de cualquier procedencia, aunque no saben igual los mangos brutos que los mangos intelectuales, se distinguen por la torpeza para comprender y explicar los fenómenos de la psicología profunda. Santo Tomás de Aquino fue un genio intelectual quien demostró la existencia de Dios en una simple oración: porque sí, porque tiene que ser.

La teología define la fe como la premisa básica para entender todo lo inentendible. Por otro lado, es demostrable la existencia de los agujeros negros, del mismo modo en que se pudo descifrar la estructura del ADN. Soñar durmiendo es una cosa, y soñar despierto es paranoia. El cuerpo te pide un descanso, y aprovechas entonces para escapar de tu mundo laboral, rodeado como estamos de horarios militares, gente sola, empleados lambones, perros agradecidos y préstamos impagables.

Los materialistas tipo saxofón en una orquesta de salseros, también clasificados como pandilleros buenos, afirman que dormir ocho horas no es comparable a dormir una siestecita. En ocho horas se logra un asalto perfecto al banco sin lastimar a nadie, se cambian los billetes buenos por billetes malos y aprendes a disparar con fusiles rusos. Sin embargo, los creyentes nivel hara kiri, promulgan que todo pasa por algo, distintos ellos de quienes se aferran a la rima según la cual todo es causa efecto. Estos fieles debieron rehacer sus biblias cuando los académicos de la lengua aceptaron como cantinfladas peligrosas las explicaciones en broma que explican mejor que las serias los comportamientos humanos.

Dormir en una siestecita no es simple neurofisiología. Se besan los pájaros que no saben hablar. Las bromas inteligentes son requisito indispensable para hacer carrera diplomática. Marco Polo descubrió en la China las bromas chinas. Un italiano bohemio se ríe antes del chiste. Durante el letargo de una siestecita el emperador chino mandaba cortar cabezas, por la prosperidad de las castas gobernantes. Tomás Alva Edison les pirateaba a sus competidores inventores las ideas más interesantes mientras echaba sus habituales siestecitas. Con razón la policía forense afirma que sin el cuerpo del muerto no hay asesinato.

La teología materialista sigue el mismo silogismo de la ciencia forense: sin el cuerpo no hay crimen. Sin muertos no hay delincuentes. Sin antisociales se queda el juez desempleado. Y las moscas venezolanas sin Venezuela no pueden comer mierda.

Soñar durante el sueño se parece a vivir para sobrevivir. Aquello que los fugitivos llaman seguir huyendo porque sí, porque si me paro no me busca la policía. Entonces si no corre no es conejo. Los vividores tipo artistas sin casas definen con excelsa sinvergüencería la siestecita correspondiente a unas copas de vino como la experiencia irrepetible de lograr emanciparse del cuerpo y sus esclavitudes. La oportunidad única que a veces disfrutamos los seres humanos de poder vivir sin dinero.

El pragmatismo de los publicistas

El pragmatismo de los publicistas

Es otra entre innumerables evidencias, de la extinción de los valores éticos que caracterizaban al humanismo; definido este universo por la conducta altruista hacia lo humano. Ya de entrada, queda obsoleta o fuera de uso, cualquier acepción que contenga palabras anticuadas como amor al prójimo, pues no se dice así, se dice: servicio al cliente. Tampoco existe la solidaridad,  del mismo modo que ya nadie come guayabas con las manos.

El pragmatismo de los publicistas está fundado en unas teorías del conocimiento que manejan nuevos parámetros para medir la velocidad de la historia. Si el arqueólogo submarino encuentra un tesoro en el galeón hundido, entonces tiene derecho a quedarse callado y pagar a un abogado defensor de los explotadores del medio ambiente. Bolivia está reclamando contra todo optimismo, su derecho a tener acceso al mar. El humanismo concebía los paisajes como propiedad pública. Francia no era sólo de los franceses. Rubén Darío es un poeta universal. Las corridas de toros van perdiendo público aunque es cierto que la sangre de las morcillas nos corre a todos por las venas.

Cuando el mundo era redondo y grande, el humanismo promocionaba la lucha de clases, el mofongo de yuca, o la antropología del capitalismo siempre justificando la consustancial ética en el beneficio de los préstamos o el sueldo de diez millones de euros devengados al año por el jefe de los jefes de la Volkswagen. Pero la publicidad como teoría de la comunicación recurre a la filosofía del consumismo la cual defiende la prosperidad económica  como un justo equilibrio entre la sociedad y sus miembros. Un pacto semejante se establece en la definición neoliberal del amor, según la cual, la necesidad de compañía es compatible con los placeres carnales.

Si la publicidad es una profesión, entonces los trapecistas del circo tienen derecho a lanzarse por los aires sin las redes protectoras. Si la publicidad tiene sus teóricos, vamos pues de una vez por todas a legalizar la prostitución. El cliente paga por sexo, no por amor. Con la ropa de los grandes diseñadores viene incluido el menú que ofrece el postre antes de la comida, el derecho de los padres a desheredar a sus hijos poetas.

Y el pragmatismo androide o de alta velocidad, pese a una  fórmula de funcionamiento no muy difícil de desmontar, es propenso a ejercer su vocación de cerrajero a domicilio; aquel que abre sentimientos  y cajas fuertes. El dinero es la sangre que mueve a la sociedad, y por eso  las esposas en los divorcios les quitan a sus maridos la mitad de los bienes. Las putas les recuerdan cruelmente a sus clientes aquello de que no hacen el amor por amor, sino por dinero, así que nene, para que no te confundas, paga antes de empezar.

Cierto que la publicidad ejerce su máxima potencia cuando desinforma, es decir, cuando anuncia paseos en barco por cinco días con sol en la piscina. La cirugía reconstructiva o estética promete narices de reinas de belleza, y luego, debido a un problemita técnico, más bien de orden presupuestario, la mitad de los pasajeros descubre  que la piscina es del tamaño de un carro, y en el piano bar no había bar ni piano. El pragmatismo resuelve problemas, la música de los anuncios conlleva una política del hedonismo light incongruente con el deshielo polar. La  publicidad cumple órdenes de igual manera que el soldado dispara para defender la patria. El fin sí justifica los medios. Unos le llaman amor a la forma desinteresada de dar sin mirar a quien. Otros se casan con los bienes separados. Las canciones de amor manipulan con sus estribillos un pragmatismo publicitario de exquisita eficacia: desorientan. Engañan como sabes engañarme, cariño.

Estoy en la cocina bañandome

Estoy en la cocina bañándome

Porque el mundo real no es el mundo ideal. Y la dialéctica del materialismo hedonista aún tiene sus filósofos como el Yin y el Yan atraen amantes de la naturaleza que no cuestionan por qué se ponen viejos los jóvenes. De todos modos terminan adictos los muy pacíficos a las frutas heterosexuales tal la lechosa, a la cual le agregan, con arte de veteranos duelistas, un poquito mucho de miel de abeja, ya que según profesan, la miel no se pone vieja. En un segundo ocurre la desgracia, en un segundo se realizan los milagros. Y la gente que descansa trabajando se apasiona  con resolver los problemas interesantes.

Y lo heteróclito o misantrópico, incluso deviene aceptable pues hay que sobrevivir. Por las noches las casas de los emprendedores sin recursos financieros se transforman de salas para la visita en alojamientos para refugiados. El cuartel general para las reuniones de los partidos clandestinos solía estar en la cocina. La fabada española contiene habas y zanahorias flamencas, mucho de catolicismo años treinta y hasta aceitunas falangistas con cebollas republicanas que la gastronomía son costumbres. Estoy en la cocina bañándome porque la ducha está a dos pies de distancia de la estufa.

Hace diez años la ferretería estaba en la alcoba de los abuelos. Ya se habían inventado los clavos de pared astutamente vendidos más caros que los clavos para pegar suelas de botas. El zapatero aceptaba, por debajo de la mesa, arreglar carteras de mujeres. Y los domingos el hombre era el juez imparcial que declaraba ganadores a los boxeadores ganadores. Si le pasabas una botellita de ron, el zapatero declaraba ganadores a los perdedores. La carne de gato tenía más proteínas que la pechuga irlandesa. Estoy cocinando en el baño porque la estufa se encuentra a dos pies de distancia de la ducha. Los ingenieros construían el techo encima de los techos. La plomería resultaba un oficio para estafar a sangre fría. Cuando por fin la ciencia logró meter dos mil habichuelas en una lata, los plomeros crearon su sindicato  cuyo local se encontraba en el pasillo que separa dos barrios. Estoy en la cocina maquillándome la vejez porque el espejo buena gente, el que te dice bonita pese a tu cara de pera chilena, está veinticuatro horas en la cocina, a dos metros del estante para los platos. La gente habituada al café frío suele educarse en una familia numerosa. Porque eran trece y parió la abuela, que las verdades de las verdades son, en política, de extrema derecha.

La gente que descansa trabajando forma parte de una comunidad extrañamente popular por la adicción de sus miembros a un optimismo ortodoxo. Las habichuelas sólo negras que sobreviven cuatro meses en una lata son un ejemplo de ortodoxia postmoderna, aquella difícil de explicar por el fundamentalismo con el cual se distinguen unos colores de otros. Luego llegó el siglo veintiuno exigiendo más derechos para los delincuentes,  libre acceso a la universidad para los esquizofrénicos convictos e internet con las canciones de José Alfredo Jiménez, el que le puso mariachi a las tragedias del amor.

Todavía hay una primera clase en una zona de los aviones. Sin embargo, las azafatas mal pagadas, arman un tour supuestamente cultural para que los turistas pobres puedan ver de cerca los privilegios del vino caro, las almohadas con plumas de gansos clonados y el espacio del que dispone un gordo para reivindicar  su gordura. Los optimistas  son, por definición, teólogos de la felicidad. Y otros dicen: Estoy ocupado descansando. Estoy durmiendo, no me despiertes. Al final del pasillo, detrás de la cocina, el baño está a la izquierda. El Carajo es un lugar geográfico. El Limbo está en tu mente.

El ego de la manzana

El ego de la manzana

Es por definición la fruta misma. O al menos en este caso. Si aceptamos que también el calamar gigante posee un ego gigante; aunque viaja este animal de incógnito por las profundidades. Y la oscuridad evita la luz, los paparazis, el periodista veterano  aún buscando la inmortalidad con sus artículos bien documentados.

Posee su ego el faisán machista, porque es de machos engañar por las buenas. Afirmar, como insiste el periodista, que del ego vivimos todos. El ego, esa fuerza centrífuga que organiza el desorden. Así las cosas, cualquier pandilla anarquista tiene su Trosky, su pensador gurú. Aquel que determina lo que es orden o desorden. Si se trata de tormenta ciclónica o populismo sin buhoneros. El intelectual siempre advertía a sus lectores aquello de que las manzanas eran burguesas, vanidosas, arribistas.

El ego de la manzana es la manzana, no valga la redundancia, ni tampoco proclamar inocencias y méritos. Pues lo niega el pueblo y lo justifica el ciudadano común. Las estrellas con sus distancias. El chico bonito radiante de juventud. Que sin vanidad no se pintan autorretratos. Y es el ego la esencia profunda cuando el compositor crea su ópera.

Y exhibe su ego el autista, el fiscal del ministerio público, la bailarina con su cuerpo al bailar.  Por supuesto, una erección bestial sólo es posible, si tienes, campeón,  un ego de actor porno.

Y exhibe su ego la piedra de mármol, pues nació para vivir en palacios. Y la gallina vino primero que el huevo para poner el huevo. Y se reunían los filósofos para filosofar. Aun cuando Ricardo, de poco hablar, es quien manda jugando a las cartas. Entonces descubrió el periodista  de raza un barrio en Medellín donde se juega científicamente a eso de ganar o perder, ya que eso de participar por participar es cosa de gente buena, etnia en extinción. En el barrio manda Ricardo, y dice que lo suyo no es hablar. Él impone carismáticamente, su autoridad natural.

Y la manzana exhibe su esbelta figura, su ideal de belleza femenina sobre la mesa. Una cosa es el ego y otra la vanidad, dicen los reconciliadores. A Verónica le sale bien cantar porque sí, porque el pavo real abre su cola de colores impresionistas, lo que conlleva a definir el alpinismo como deporte para atletas antisociales. Llegar a la cumbre del Everest es cosa de gente con un ego calibre edificio inteligente. Resulta fácil de probar aquello de que si te matas escalando una montaña es porque una cosa es la pasión de los artistas y otra cosa, la locura psiquiátrica.Todos queremos dejar un árbol sembrado. Un libro con el cual seguir opinando después de muertos.

Una cosa es la modestia y otra cosa, el discurso bien escrito. El discurso del manager justificando lo injustificable. Resumiendo: el hombre público  ya ha confesado su desinterés por el dinero. Y sin embargo, pierde la manzana toda su aristocracia a la primera mordida. Prueba fehaciente de que su ego es normal, que por normal se define todo cuanto no excede los límites. Ricardo hace todo bien porque sí, porque así soy yo, y no necesito que me hablen bonito.

Una cosa es doblar para la izquierda y algo muy distinto es doblar para abajo. Pero no hablo para persuadir a nadie. Y soy escritor anónimo, dice el escritor: porque sí, porque rebosa de ego la manzana; pero yo no tengo vanidad, y no lo proclamo yo, lo canta la canción. Así se expresan muy honestamente los mentirosos.

Pan fresco de ayer

Pan fresco de ayer

Susurra el panadero con inocente buen humor. Los vinicultores pertenecen a una mafia legal que trafica con fechas de producción y épocas de gloria. Según la botella, el vino es cosecha de mil novecientos noventa y cinco, cuando todavía no era profesión bien vista la patología forense, mucho menos los detectives encargados de rastrear estafadores de cuello blanco.

No existían las instituciones de protección al consumidor cuando el panadero tatarabuelo, el muchacho de provincia emprendedor innato, inventó la chapata, pan rústico con sangre de españoleto. Y desde entonces, es problema de académicos de la lengua ponerse de acuerdo para distinguir el pan moderno tipo masaje de espalda solamente, del pan obrero, también llamado zapatero remendón por aquello de ejercer con excelsa soberanía, el arte de proteger los zapatos de alta alcurnia.

La producción en serie intenta inculcar en el consumidor culto, porque una cosa es mazorca de maíz y otra cosa chacabanas para treinteañeros, la fecha de caducidad de los productos. Algo así como jubilar a las manzanas maduras para sacarles mayor rentabilidad como fruit ponche.

La fecha de caducidad de los productos impone la preocupación a la persona cincuentona como hora ya de revisarse la próstata los hombres, y hora ya de ponerse nalgas nuevas las mujeres viudas. Contrario al tatarabuelo, al abuelo y a la avestruz puta del zoológico privado de Pablo Escobar, el panadero cincuentón hace el amor con su mujer para despertarse en las madrugadas, después le echa levadura al agua y a las canciones.

Pan fresco de ayer, toda una broma con el propósito de contravenir los reglamentos dictatoriales de las sociedades prodefensa de los consumidores. La avena vieja alimentaba a los mutilados de guerra. Los pantalones vaquero no pasan de moda. Reunidos en sus bunkers los vinicultores respetando los compromisos mafiosos, establecen por acuerdos sagrados las fechas de producción de los vinos a consumir en los próximos años. El trabajo sucio lo hacen las chicas bonitas en las ferias gastronómicas. De los catadores de vinos se encargan las rubias artificiales. De los catadores de aceitunas, de medias de lanas sin ovejas, de salsa de tomate pomodoro categoría suburbio italiano, son responsables las chicas pequeñas con senos desproporcionados. Es fetichismo inevitable entre los catadores espiar los cuerpos voluptuosos, frescos.

Al reloj de arena lo tienen momificado en las tiendas de antigüedades. Los relojes analógicos son ya parte de la cultura del reciclaje de mercancías y discursos de candidatos al gobierno de turno. La mafia de la industria del automóvil también trafica con materiales reciclados: sólo se necesita un uno por ciento de aluminio resucitado para llamarles ecológicas a las neveras económicas.

Los panaderos también tienen su cosa nostra, sus liturgias y masonerías. Producen panes frescos con harina envejeciente. Mientras más caduca la levadura de cerveza, más sorprendentes son las variedades de repostería express, la que hace de la promiscuidad de sabores, gustos y recetas el bizcocho de boda. Y se desconoce si es por felicidad de amor, por lujuria impostergable o por rebeldía sana, que durante el calendario de las lunas de miel nadie se pone a desaprovechar besos, orgasmos y mucho menos bromas tipo pan fresco de ayer.

La felicidad detrás de las gafas

La felicidad detrás de las gafas

Definida la libertad como eso que usted hace sin esperar autorización notarial o apoyo de la familia. La felicidad es una tregua, un alto al fuego, paz interior.

La traducción indirecta afirma que el turista es un turista feliz cuando asume su personaje de explorador antropólogo, o fugitivo sin expediente policial. No obstante, de alguna manera siempre estamos huyendo de algo, nosotros, turistas impostores, abandonamos en la casa carpinterías pendientes, videos sin estrenar, y hasta libros de cocina abiertos en la sección de postres para pintores de batallas, tal Arturo Pérez Reverte. Siempre estamos elaborando la coartada perfecta para justificar nuestro protagonismo de llaneros solitarios.

Detrás de las gafas hay un escondite para juzgar la sociedad. Escondite o trinchera depende del éxito con el cual problematizamos tópicos y leyendas urbanas. Detrás de las gafas en las piscinas se hace patente la posibilidad de reducir la velocidad del planeta Tierra para girar alrededor del sol. La felicidad consiste en demostrar que caminando se llega a pie al trabajo. Se necesitan dos para discutir y pelear. Quienes han logrado una pasantía en el Nirvana saben que si uno de los dos no quiere argumentar, entonces no hay pelea.

Otra cosa son los lentes recetados, un certificado expedido por el técnico oculista para que un burdo consumidor termine siendo un paciente con tres cuotas por pagar. La felicidad detrás de las gafas se refiere a las gafas oscuras que nos recetamos para elaborar la coartada perfecta y poder escapar de la realidad. Si detrás de las gafas el cronista se disfraza de personaje interesante, entonces resulta verosímil el contexto que nos procuramos en consecución de la felicidad; esa lata de sardinas donde se vive mejor.

Detrás de las gafas los abogados de la defensa logran armar el rompecabezas en el cual se ha convertido el caso del banquero cerebro intelectual del autoatraco. La felicidad consiste en encontrar un tiempito para pensar. Luego, para esbozar un argumento elaborado con tecnicismos, conversaciones tergiversadas, infancias inconclusas, comas donde tienen que haber puntos y anacolutos cada tres oraciones. Detrás de las gafas la botella siempre se ve medio llena de ron, que es la definición no oficial de la felicidad mundana.

La felicidad solía caracterizarse por los colores del arcoíris después de las lluvias. No existía el azul moreno o amarillo ponche de cremas con nuez moscada, a dos por el precio de uno. No había nunca, como actualmente, un azul playa privada o negro charlatán, que resulta de un combinado de tonos fuertes y flexibles, para describir su vivencia del lunes laboral el desempleado con gafas de sol bebiendo café en vaso.

Con la corbata bien hecha es viable la actitud optimista que todo lo ve color de rosa. La cartera estilo diseñador asesinado a destiempo, sí hace juego con el anillo de diez años de matrimonio. Detrás de las gafas se tiene un control del escenario. Por un breve tiempo dominamos destinos y finales felices. Nada excluye la incertidumbre, las sorpresas tipo oferta de empleo bien pagado. Y sin embargo, puede el más común de los mortales hablar de la felicidad como si hubiera viajado a Acapulco en un objeto volador no identificado. Dice el conferencista de temas sobre optimismo y empanadas chilenas postmodernas, que querer es poder.

Una Lolita buena

Una Lolita buena

No puede ser. Es preferible que las morenas en el océano se distingan por su mala leche, es decir, por andar siempre de mal humor. Alguno que otro buceador simpático, las acarician, pero en balde, pues las morenas, como los escorpiones, matan por placer. Las lolitas vienen al mundo para burlarse de las buenas costumbres. Para desnaturalizar las pretensiones del yogur sano, siempre alardeando por llegar puntual a las fiestas.

Las lolitas no son malas. No son malas las chicas que saben pitar duro. No entienden la pregunta idiota esa de qué piensan ser cuando adultas. Las niñas buenas contestan pronto su deseo de convertirse en madres de cuatro hijos. Tener una familia unida. Y que las abuelitas no se mueran nunca.

La biología define la mutación como un cambio inesperado dentro de la continuidad. La gente responsable se caracteriza por sus comportamientos predecibles. Donde está el árbol va la sombra. Y luego, también argumentan que antes del jueves viene el miércoles. Y desde el principio del mundo los escorpiones matan porque sí, porque fruta es a árbol como fragancia es a perfume. Cuando más felices estamos entonces nos divorciamos.

Las lolitas cautivan del mismo modo que los más obedientes se roban las conchas de mar para confiarles sus ideas originales. Los planes perfectos. La lujuria causada por la sirvienta ingenua. El modelaje de pasarela forma parte del morbo light socialmente aceptado. Por supuesto, las modelos se caracterizan por tener unas pompis sin azúcar ni sal. Las lolitas, en cambio, vienen al mundo rebosantes de malicia para las tramas inteligentes. Las pompis voluptuosas modelo ciclones caribeños lo son debido al combinado exitoso de bestialidad y arte exterminador que trae consigo lo vulgar exótico, el robo a mano armada.

Todo el mundo tiene una concha de mar cómplice a quien le escuchamos sin rubor sus mentiras más mentirosas. Nos encantan las lolitas porque son malas. Porque desearíamos vivir sus vidas. Quienes han roto un plato poseen ya una crónica personal portadora de sentido a la existencia. Y entonces sueña el militar más condecorado con una esclava sexual estilo veneno sin sabor. Venga ya, vamos a admitirlo: hace veinte años que se graduó de policía el buen hombre y todavía no ha matado ningún delincuente.

Pero vamos también a reconocerlo. La diferencia de edad perjudica al más joven. Los monos establecen jerarquías. No existe el incesto en las orgías de abejas. Yo quiero una lolita de mi edad, dice el viejevo. Pues todavía se rompen platos sin negar las ventajas de la democracia económica. La vocación de anarquista se lleva por dentro. Son respetables las reglas del juego de la convivencia entre miembros de una sociedad, pero entre hombre y mujer, heterosexualidad como premisa, el desafío implica liberarse de la educación, esa cultura que no elegimos, ¿o acaso no deseaba usted ciudadano normal y corriente, ser el rey del tango?

La diferencia de edad beneficia al más viejo. Si eres un miserable individualista tipo escopeta de cazar por placer, y encima estás limitado por tus hilarantes estadísticas de orgasmos convencionales, pues adelante, abusa sicológicamente de una chica joven. Si de lo contrario, puedes exhibir un número considerable de aventuras eróticas, que también comer juntos de la misma guanábana es una actividad sexual, entonces hazte miembro de una pandilla de francotiradores, pues conquistan el mundo con sus disparos asertivos.

Corregir lo que está bien

Corregir lo que está bien

Y lo hacemos todos los días. O acaso no se ha subido usted en una motocicleta a las cinco de la mañana para lanzar el periódico como un pitcher hacia la puerta de su casa. Por supuesto, así vivimos presumiendo de nuestras hazañas cotidianas. Si yo fuera presidente, el noventa por ciento de la leche recogida por los campos llegaría sana y salva a la procesadora de productos lácteos. Actualmente se oxida el veinte por ciento de los clavos en las ferreterías. Si yo fuera presidente, los niños podrían desayunar dos veces por la mañana y tres en la tarde. Cuando yo era chiquito el invierno no congelaba las uvas, las baguettes eran para los franceses, no para esos siempre inconformes inmigrantes que instalan una mezquita en sus barrios mezquitos.

Borrón y cuenta nueva, reclama la gente. La madurez emocional se define como la capacidad de perdonar sin guardar rencores. Vamos a corregir lo que está bien porque está mal. Se lo voy a explicar para que de una vez por todas comprenda que el abuelo se tiene que morir, el nieto también tiene derecho a vivir en un mundo injusto, pues si no, apaga y vámonos.

Corregir lo que está bien. El gobierno anterior subió los impuestos pese a haber prometido que no lo haría. Estamos en contra del embargo a Cuba, eso no quiere decir que el café colombiano sea el mejor del mercado.

Corregir lo que está bien. Prometimos otra guerra para recuperar las islas Malvinas, pues son argentinas. Eso no quiere decir que vamos a expulsar al embajador Tom Jones del país. De hecho, las canciones del cantante británico caben ya en un pentdrive donde también se encuentran recopiladas las canciones de Carlos Puebla. Prometimos legalizar la mendicidad en las avenidas más importantes. A los tuertos sólo les falta un ojo. Nunca sobran las explicaciones tipo el triciclo rueda con tres ruedas. Se sancionará a todo aquel que olvide caminar con la pata coja. Cuando yo era chiquito los piropos como todo un género literario, combinaban lo culto, lo popular, y el sueño por dar el mejor gol de la historia.

Cuando yo sea grande voy a construir un aeropuerto con muchos aviones, muchas avionas; una cafetería donde vuelvan a celebrarse los concursos de batidas de frutas. El granadillo es una fruta boba lo determinó por unanimidad la cámara de diputados. Cuando yo sea senador voy a abrir una farmacia en todas las zonas francas. Las aspirinas quitarán el dolor de cabeza, las depresiones, los enamoramientos tardíos. Cuando yo era chiquito a los bizcochos de pasas no les daba cáncer, como ahora.

Cuando yo sea presidente voy a corregir todo lo que está bien, porque eso de tener un malecón lleno de turistas pobres, poetas sin musas, bicicletas con niños viejos y cangrejos solitarios. Eso de trabajar de noche como camareros bilingües o guardias de seguridad. Eso de andar con mochilas tipo asalto a mano armada. O peor: pagar por cantar Karaoke. Nada de eso, tampoco de lo otro. Las escaleras son para subir para arriba. Y los ascensores son para bajar para abajo.

Nadie es imprescindible, dice el presidente. No me voy a reelegir, afirma Rafael Correa. Cuando yo sea civil voy a comprarme una escopeta para matar holgazanes. Cuando yo sea soltero no me vuelvo a casar. Cuando yo sea cundango me van a gustar las cundangas. Voy a hacer mal lo que está bien. Y voy a hacer lo que nunca se ha hecho: despegar a los dos pobres perros enamorados, leyéndoles por las buenas la constitución de la república, la cual establece en su artículo tres párrafo nueve lo siguiente: Cualquier ciudadano tiene el derecho a hacer mejor lo que está bien. Así se inventó el guacamole, bromea el comandante Marcos.

Aprendiendo a engordar

Aprendiendo a Engordar

Así le llaman al programa ultra secreto de la fundación Amigos del Prójimo a su vez financiado por la sociedad Un Mundo para Todos, como se conoce en el ambiente filantrópico. Es una táctica cívico-democrático-liberal promover el consumo acrítico de artes y espectáculos, cine o entretenimientos. El texto original de dicho programa fue traducido del inglés por un coach de la fundación Un mundo Feliz, organismo satélite del departamento de Estado de los Estados Unidos.

Aprendiendo a engordar significó todo un desafío personal para el traductor, un hombre delgado proclive a la ansiedad nivel cobra, la serpiente cuyo veneno mata en segundos a la víctima. De probada eficiencia geopolítica resultó el plan básico del programa el cual surgió de la observación durante seis meses de los llamados vividores latinos de Miami.

El bienestar económico ideológico, pues no se puede definir al mono sin la selva donde vive, puede medirse por la cantidad de hamburguesas pagadas y comidas en una semana. El estudio parte del hecho de que en una semana una cotorra aprende ruso. En una semana un costarricense comienza a olvidarse de sus padres pobres y un venezolano de clase media se desestresa viendo stand-up comedy, como se le conoce al programa más exitoso de la fundación Kennedy Brothers, la cual facilita fondos para el entrenamiento de los futuros comediantes sin sillas, porque trabajan parados lo que permite darle un toque particularmente ingenioso a la informalidad de bromear en serio.

La premisa o variable comportamental del programa Aprendiendo a Engordar establece la controversial verdad según la cual es mejor despreocuparse por las cosas que uno no puede cambiar. El nivel de contaminación ambiental es un precio a pagar si quieres carro de cuatro ruedas, televisión de sesenta pulgadas, vacaciones por Europa. Cuando usted nació ya se habían vendido más de un millón del Volkswagen escarabajo, o cepillo. Las campesinas de tierra adentro siguen lavando ropa en los ríos. Antes de los dieciocho años ya están gordas. Los venezolanos aún sin la residencia permanente beben en promedio tres botellas de cerveza mientras se ríen de chistes cuyo discurso no entienden.

Vive y deja vivir. A los flacos estilo jirafas nacidas en cautiverio, les toma mucho tiempo comprender que la gordura es un estado mental. Un estilo de vida. ¿Acaso no prefieren las matas de coco las costas de las islas caribeñas? Sin una exhaustiva explicación científica cada generación reproduce los vividores latinos modelo barriga cuarentona. Son muchachos capaces de engordar durante el secuestro preventivo de sus esposas. Es decir, reciben la advertencia en una llamada telefónica de que sus esposas serán secuestradas a la salida del salón de belleza de no pagar ellos por adelantado sumas de dinero considerables. El gordo tipo pizza diurética no pierde el ritmo de su siestecita aunque reciba una llamada del banco para recordarle las deudas pendientes.

Aprendiendo a Engordar termina siendo una terapia conductista por aquello de que las actitudes del individuo son todas aprendidas en el ambiente cultural donde se educa. Para los pigmeos de cualquier comunidad las puntas de las flechas llevan veneno. Los nacionalistas catalanes exigen que se respete su costumbre de comer el postre antes del almuerzo. Eso es lo natural culturalmente hablando. Así se engorda en esa parte del mundo. La ya mencionada fundación Un Mundo Feliz, justifica sin rodeos aquello de que este es el mejor de los mundos posibles, donde antes de usted llegar ya había gente rara. Y las hienas tienen los colmillos de matar antes de nacer.

Tergiversando los acuerdos del trato

Tergiversando los acuerdos del trato

Algo así como hacerle los moños a la escoba mientras eso que llamamos cerebro va procesando un argumento tipo mayonesa sin huevos, pues nunca falla. Se supone que los mapas muy geográficos ellos por un objetivo apego a la verdad, orientan al turista por los caminos de la vida. Pero tampoco ocurre con planificada verosimilitud. La voluntad de ganar tergiversa certidumbres, opiniones y mapas. La llamada subjetividad del individuo, ese superpoder dominante, niega hoy lo que afirmaba ayer.

Por supuesto, a muchas parejas se les acaba el noviazgo durante la luna de miel. Según lo hablado y discutido; y redundancias aceptadas, después de correr y caminar ahora me dice el ingrato que estoy gorda, gorda categoría habichuelas con dulce. Y la culpa es del azúcar, no, de los pasteles en hojas, tampoco, el gobierno siempre paga la deuda externa, por eso el cartel de Sinaloa secuestra mujeres y las mata. Los borrachos discuten estando de acuerdo en todo. Los senadores solicitan cortésmente a su señoría que el debate se mantenga sin salirnos de los temas del programa. Los intelectuales de pronto se encuentran charlando de cosas distintas. Todo depende de la dependedura, insiste el chiste culto.

Hubo que retirar del mercado los automóviles que salieron de la fábrica con un defecto en los frenos. No confundas metabolismo con aniquilamiento de ballenas. Una cosa es la fisiología inherente a los procesos industriales, gracias a los cuales se transforma la grasa comestible en aceite para motores de aviones, y otra cosa la repetición por razones de redacción y estilo. Y no confundas peso welter con un boxeador aficionado. En algún momento, los habladores siguen hablando. Cuando esto pasa, el debate se enriquece. Algunos se felicitan por la llamada democracia participativa mientras otros entienden que no hay manera de evitar las digresiones, el arte de empezar conversando amenamente de turismo sostenible y terminar a balazos porque los dioses no pueden sufrir en la cruz, y yo digo que era un hombre de carne y hueso y yo digo que los muertos no resucitan, ni desaparecen, ni sufren. Y yo digo que las habichuelas no engordan; el azúcar, sí.

Cierto que el hombre no puede evitar las tragedias de la naturaleza. Vino un ciclón y se llevó a Honduras a los años setenta, otra vez a cocinar con leña, a machacar las zanahorias con martillo de carpintero. Los suecos no han podido suprimir el invierno. Y quien oye frío interpreta diciembre, que para muchos es navidad con regalos y para otros donas cuadradas. Antes del martes viene el lunes. Los martes se viste el pavo real con su mejor disfraz, porque diciendo mentiras se vive mejor. Habíamos quedado en incentivar la televisión pública, para educar con sus tertulias los escritores. Los artistas pueden realizar sus encuentros en los parques que también son públicos. Y comienza a tergiversar los acuerdos establecidos quien habla para la posteridad, pues tienen ego los muertos si poseen alma los seres humanos. Y se tergiversa el trato, nomás, sin redundancias astutas.

Yo no dije lo que usted dice que yo dije. Las palmeras son más altas y los puercos comen de ella, afirma el poeta. El carisma encantador de los dirigentes populistas se debe al uso de metáforas estilo baterías recargables, claro, te quedas sin argumentos y me vienes con poesía heterosexual. El pueblo nunca está unido para llevar a las urnas un programa de educación que recupere el estudio de la filosofía en la escuela secundaria. Y si empezamos estudiando a Hegel vamos a terminar reeligiendo a Rafael Correa en Ecuador. Y yo dije que la lasagna vegetariana no lleva queso, pero ahora tú saltas con que lleva tres quesos: mozzarella, ricotta y aceite de ballenas made in Japón, pues son los japoneses quienes matan a los delfines. Si haces respetar las reglas del juego terminas jefeando en tu barrio, para bien o para mal.

Los traductores de metamensajes

Los traductores de metamensajes

Son una prueba adicional de que, en efecto, ya no es el cáncer una tragedia definida como enfermedad mortal. En tres meses se lleva al más bonito. Y tampoco se salvan los presidentes honorarios de fundaciones pro bienestar del creyente. El cáncer resulta pues el desbalance propio de quienes en vida anhelan controlar todas las variables de la ecuación. Factores independientes. Amigos sin patrimonio familiar. Amantes caras.

Los doctores fungen como expertos en terapia existencial, porque es un problema de fondo eso de sufrir por la incapacidad del ayuntamiento para recoger la basura. Los traductores de metamensajes con un mínimo de dos años de experiencia saben que tiene una importancia logística, constitucional, pragmática, aquello que no se dice conscientemente cuando se está hablando.

Lo que no se dice se está expresando de otras mil maneras, si admitimos que la corbata tiene poderes especiales, como sabe el yogurt disfrazarse de alimento sano o de merienda inoportuna. El siglo veintiuno va forjando nuevas profesiones y farsantes.

Eso de ir de pueblo en pueblo con una boca de pantera voceando amenazas contra infieles, hace rato permutó en un conferenciante o conferencista que los sufijos benefician mejor a quienes pagan bien. La contabilidad sigue manipulando números del mismo modo típico que el capitán del equipo de fútbol sabe cómo evitar un gol con una patada bien dada. Le llaman azafata de postres a la espía de la inteligencia británica que le servía su cafecito envenenado al comandante Chávez. El diseñador gráfico es en realidad el autor intelectual de los editoriales de las revistas de modas. Muchas mujeres y hombres también, confunden la libertad de vestirse como les dé la gana con la libertad para elegir las torturas de los pagos de un préstamo.

Los traductores de metamensajes saben que sin dinero no hay corbatas caras. El verdadero ganador del pentatlón sabe correr en bicicletas, nadar por aguas saladas y hasta montar caballos salvajes. Los soldados paracaidistas tienen licencia para matar. Los francotiradores son reclutados entre los muchachos sangre fría de lechuza despierta. Saben que mata la bala cumpliendo órdenes.

Dicho de otro modo, explica el traductor, el prófugo ya no está en la foto, ahora se esconde en la casa de un compadre, pues es el modo de devolver favores los insolventes. Me debes dinero concha de tu madre, así que duermo con tu mujer esta noche. Si no estás conmigo estás contra mí. Es la propedéutica elemental a comprender y a aplicar. No le des más vueltas. Si no estás conmigo estás contra mí. Francisco Franco aplicó con mucha eficiencia eso de fusilar a los indiferentes, a quienes pretextaban no saber de política.

Los traductores de metamensajes versión actualizada dos veces al día siguen al pie de la letra la normativa: Si te comes dos manzanas eres optimista fundamentalista. El que juega bingo por necesidad pierde por obligación. Los que compran electrodomésticos a plazos son ciudadanos a carta cabal. Y además lloran con lágrimas de cocodrilo en las reconciliaciones sentimentales. A la contrainsurgencia le encanta las putas a domicilio. Al hombre sin hijos no le importa si Fred Astaire era mal actor. Quienes bailan al trencito en los cumpleaños no saben lo que es sostener amantes por dinero. Entonces, dicen, el amor no es lo que se dice con poemas y flores. Lo que importa es la mermelada, no la fresa.

El anunciado regreso al armario

El anunciado regreso al armario

Donde no sólo pernoctan los homosexuales tipo guerra de las galaxias, sino también los genios adictos a burlar la vigilancia en los casinos, los profesores de mercadeo categoría oro blanco, las amas de casa con tres sirvientas, estadísticamente reguladas como trabajadoras domésticas; las otras, las trabajadoras sociales, prefieren vivir la noche en los armarios, pues allí ellas son putas, que una buena parte disfruta del sexo mientras trabaja actuando como bestias.

Por el armario pasa mucha gente interesante. Si acaso ya no escandalizan los altos ejecutivos que cantando en los aniversarios de la empresa, aguardan por un regreso al armario en plan de reciclarse, banqueros que no han resuelto los dilemas de la vida. O te conformas con un buen sueldo, digamos nivel chacal enjaulado, o con una pasantía en el armario te gradúas de emprendedor exitoso.

El reciclaje es ciertamente un arte cuando usted, cansado del acoso de los periodistas, decide negar las evidencias y llamarles mentirosos a los detectives privados. Es conveniente retirarse por un tiempo de las redes sociales. Parece obvio, pero no es fácil eso de esconder veinte libras de carne de primera calidad en la nevera de la casa de una tía. Disfrazarse de pobre resulta más osado que andar con perfume barato cruzando las piernas en una repostería estilo bizcocho de cuatro pisos. Todavía se queda uno sin dinero y el prójimo sigue envidiando tu sangre azul.

Por un tiempo indefinido, durante treinta años o a ritmo de taconeo andaluz, se interpreta como una pasantía eso de regresar a tu vieja identidad, popular o no, frecuencia modulada, versión digital o preservativo con lubricante, para recuperar costumbres socialmente aceptadas. Ya nadie se alarma cuando el tigre se come al domador en plena función. Las chicas sin carisma participan en el concurso de belleza para gozar la aventura, que todo lo que no pudo ser recuerdo queda.

Llevar una doble vida es encomiable. De día eres secretaría con autorización para firmar documentos y los fines de semana te transformas en la chica atleta del gimnasio, aquella de la silueta tipo fetuchini. Mientras ayuda a sus hijos a hacer las tareas de la escuela, el padre de familia se disfraza de payaso barrigón. Si haces el amor fuera del armario hay que andar bien vestido, bien mirado y con la televisión lavándote el cerebro con malas noticias, es lo normal.

De regreso al armario uno se burla de los dilemas. Puedes partirle el culo a tu mujer y ser el mejor tesorero que haya tenido el club de pensionados. Puedes apostar dinero en las carreras de caballos y escribirle el discurso al rector de la Universidad de la Tercera Edad, pues así se hace llamar la iglesia evangélica durante el día. Llevar una doble vida es lograr lo máximo; artística reputación incluida. Los domingos juegas al dominó y cuidas a los abuelos, los miércoles interrogas cruelmente a los aspirantes a un empleo mal pagado. Después de una pasantía se supone que es demostrable tu tesis de grado: el regreso al armario ya estaba anunciado.

La solución intermedia también es ya aceptada culturalmente. Se les tolera a los presidentes honestos andar sin escoltas. El nuevo modelo penitenciario invierte dinero en bibliotecas para los presos. Eres un delincuente pero el Estado te clasifica legalmente como un ciudadano. No es imposible acatar preceptos sobre Derechos Humanos y adulterar el sabor rojo de la sopa de tomate. Las salamandras cambian de color según la temperatura del bosque. El desexilio se define como la nostalgia del exilio, o cuando eras un exiliado muerto de hambre. Dentro del armario también se encuentran palomas mensajeras que perdieron el rumbo.

Turismología para desempleados

Turismología para desempleados

Cuando un país no es autosuficiente, pues produce mucho menos de lo que consume, entonces la economía política vía marketing, bachatas, medios de comunicación de masas y periodistas que se aburren en el zoológico, recurre a tergiversar presuntas verdades y define al turismo como una industria.

Las ochenta botellitas panzonas tipo buche de pájaro enamorado elaboradas por los intransigentes naturistas de Jalisco, en México, o si prefiere, de la Bretaña independentista, son productos de consumo. Calorías, vitaminas y contentura garantizada para el cuerpo, es la propuesta de los vegetales endulzados en las pequeñas botellas. La turismología sigue transformando la concepción actualmente conservadora de los nacidos antes de la Era del internet, cuando en uno de tantos talleres para desempleados ofrecidos por el Ministerio de Turismo, se afirma que en un avión cargado de turistas llega más dinero para el presupuesto nacional que la suma de todo el ingreso generado por las fábricas de tomates dulces.

Con algunas excepciones, las tribus de los caníbales o la Alemania Oriental de los años setenta, la mayoría de los países del mundo contemporáneo importan más de lo que producen. No obstante, las remesas recibidas de sus ciudadanos emigrantes corresponden al tercer o segundo ingreso provenientes del extranjero. La turismología es ya asignatura básica mientras insiste en afirmar que los residentes permanentes dejaron de ser unos jodidos inmigrantes para devenir una población económicamente importante. El vaso siempre estuvo medio lleno, dicen los economistas también licenciados en optimismología cuántica.

La turismología puede, entre muchas acepciones, definirse como la concepción inalámbrica que tiene el cliente de la dinámica de las redes sociales del internet. Es, de acuerdo al imaginario colectivo, explicado por antropólogos calibre Carlos Andújar, el bing bang de quienes están convencidos de que la buena suerte se consigue trabajando.

Si el turismo es una industria, el panal de abejas debería ser descrito como el burdel donde la reina practica trascendentemente la promiscuidad, ese condón que nunca se rompe, que es multiuso, y trae además orgasmos integrados. Todo esto está incorporado dentro del plan prepago, porque los talleres para expertos sí exigen un pago.

Oportuno sería recordar que la subjetividad del desempleado suele funcionar en contra de sus necesidades objetivas. El algodón de azúcar todavía encontrable en ferias y parques de recreación, satisface la necesidad visual que traen los alimentos, siempre y cuando usted no separe el vaso del agua que contiene. Sin embargo, se trata de una enorme nube que ni se come ni se traga. La casa de la cual sacaron a patadas para fusilarlo a Nicolás Ceaucesco, el dictador rumano, está siempre en espera de ser nombrada patrimonio de la humanidad. Cuando esto se logre, aumentará el flujo de los turistas a Rumanía. Y esta media verdad caracteriza a los dictadores, que como personajes distintos al común de los ciudadanos comunes y corrientes, aportan al imaginario colectivo anécdotas llenas de morbo y fuegos artificiales para el espectáculo.

La turismología todavía no presenta un anteproyecto viable para ser considerada una ciencia. Mientras el hacha va y viene; y dura más en volver que en regresar, los desempleados reciben un certificado que les facilita la búsqueda de trabajo. Los guías turísticos empíricos, curiosamente, reciben en estos talleres, disciplina y retórica cuántica. Comunicación para verdades a medias.

La felicidad de vivir según los mariachis

La felicidad de vivir según los mariachis

Es cosa fácil de explicar de la misma manera que en el reino animal las madres leonas no pueden impedir que los leones se coman a los cachorros machos, virtuales adversarios a la hora de cortejar a las hembras. Los creyentes en un dios omnipresente argumentan convincentemente cuando hablan de la existencia de una inteligencia superior creadora de todo lo que existe. La mecánica del ADN, ciertamente es demasiado compleja para ser el simple resultado de casualidades. La felicidad, en cambio, es un instinto de supervivencia. Para inventar un pasado verosímil fue necesario prometer un futuro extraordinario.

Los mariachis han impuesto como difícil de realizar lo imposible de hacer música alegre cantando anécdotas tristes. La llamada inteligencia emocional no es otra cosa que un plagio excelentemente fraguado, verbalizado, del poder del inconsciente sobre la razón. Y el mérito se lo llevan los intelectuales, esos impostores que te escriben un libro expresando como nuevas, ideas ya llevadas a la práctica, y el género bachata con sazón criollo nos devuelve la felicidad de vivir burlándose de las desventuras inherentes a cualquier experiencia romántica.

Cantinflas durante cinco décadas fue un componente clave de la mexicanidad siglo veinte. Para sobrevivir a la soledad de su laberinto, todo un crucigrama de lógica formal y emociones básicas, tal la risa o la venganza, o eso de matar a nombre de la justicia personal, pues todos llevamos dentro al fiscal y al abogado defensor, del mismo modo que se transforman en tribunales la gente bailando bachatas, escuchando mariachis.

No es justo llamarles ateos a la gente que canta poemas, pide perdón a las víctimas del terrorismo o se aflige por las torturas psicológicas causadas por la soledad. A los diccionarios se les atribuye falta de inteligencia emocional, dígase contentura, entusiasmo, pasiones o felicidad. Los mariachis con sus trompetas, violines de pueblo, y en particular con un grado de complejo de inferioridad, se van a pedirles perdón a sus amantes con el rabo entre las piernas. La música de barrio, de machos locos por singar por placer, se la arregló para despojar de ruegos excesivos a la canción ranchera.

Luis Vargas, el rockero de la bachata, como en su época y lugar James Brown bailando feliz concita la renovada atención de los intelectuales de campo, los folcloristas, por desear explicar los mecanismos del instinto que lleva a disfrutar al individuo mientras está resistiendo por dentro la dignidad. Los mariachis, en plan serenata, disimulan con ropa apretada la prueba de pedirle perdón a una condenada mujer. También los teólogos han conseguido durante siglos establecer la inferioridad de la mujer para los sentimientos genuinos.

Vistas así las cosas, en el mundo de los vivos se acepta que la distancia aleja dos pueblos. Las ocho horas del sueño podrían ser aprovechadas en aprender solfeo, o leer a Joseph Campbell, quien por su parte escribió con claridad de sol a las doce del día que fueron los hombres quienes inventaron a los dioses y no al revés. Que la gallina vino primero pues ella tiene que poner los huevos. Los teólogos prefieren un Dios que lo explica todo, y de paso, propone otra vida mejor que la mundana existencia.

La propuesta es genial, hay que admitirlo. Todo pasa por algo, agregan los dichosos. Más para adelante vive gente. La felicidad es una fe que se lleva por dentro. Te lo voy a repetir con dialéctica que es discurso racional. La felicidad contradice, niega la tristeza. Por eso alegran las rancheras. Por eso canta agradable Zacarías Ferreira. El tenor de la bachata tiene miles de admiradoras. Todas cachondas cuando lo escuchan. No se ha demostrado científicamente, pero más para adelante vive gente buena.

El racismo de los frutos secos

El racismo de los frutos secos

Pasa por convivencia pacífica la llamada tolerancia hacia las cosas que nos desagradan. Los gordos obesos ocupan más espacio, por cierto. La vulgaridad se define por un exceso de condimentos baratos, aplausos fuera de cámara, comedias sin humor sano. También hay concursos para premiar a quienes se coman catorce bizcochos rellenos de bulla. Gana el que pierde la llamada dignidad, esa lucidez que te acompaña en los momentos de desesperación. Cuando se soporta  el hambre o nunca ha llegado una noticia buena a tu morada.

El racismo de las uvas se hace notable en cualquier escenario. Sobresalen por su individualismo las nueces con sabor a turrones y regalos navideños. Las ciruelas no disimulan cierta altanería aunque están mezcladas por una batida con helado de coco, el ídolo de las multitudes. Pero la democracia de los días festivos, asueto para obreros, funcionarios medios, y ejecutivos, obliga a guardar las formas, sin embargo, inconscientemente expresan los racistas su estribillo: me encanta Nat King Cole, Roberto Clemente jugaba bien en todas las posiciones; lloré cuando murió el pequeño Arnold, el negrito inteligente ese. Yo me he subido en el Metro de Leonel, porque habla inglés y francés.

A todo el mundo le encanta el programa de cocina de la Diva de los Postres. Magna Cum Lauden cuando intenta explicar con soberbia dicción por qué el Tiramisú no se puede servir en los vuelos económicos Marsella Roma. Hay postres con clase, es así de simple. Y donde se usa la avellana para el helado de avellana se impone la calidad. Una chica pobre oriunda de Nagasaki, en particular de la zona industrial, te resta, no te suma. Eres blanco, alto y buenmozo; ella será bilingüe, ella será lampiña, pero cuando habla espanta las moscas y además tiene un hermano en prisión.

A mí no me gustan los gordos negros obesos. Derecho tenemos la minoría a preferir y morir a latigazos, pues la irracionalidad seduce más, que por cinco minutos de orgasmo vale la pena comprometer la reputación, y poder entonces turistear el mofongo con ajo. Derecho tenemos todos a elegir el color de nuestros anhelos, el nombre de los hijos y hasta participar sin dinero en una subasta. La parte legal no se discute, no está en controversia. Los americanos sí llegaron primero que los rusos a la Luna. Si te quieres casar, adelante, pero no defiendas a la morenita esa, que te resta. Tú eres de buena familia.

Es cierto, los flacos no comprenden la gordura. Los vivos discuten con los muertos. Los ricos no les dan limosnas a los indios mexicanos. Y los blancos se pudren antes que los negros. Y al flan cubano le pusieron una ciruela pasa en la cabeza; así comenzó a legalizarse la prostitución, insiste mientras habla de cocina la Diva de los Postres. Una mujer que trabaja desde que nació. Pero le gustaba leer. Y luego se hizo miembro de la sociedad protectora de los gatos. ¿Tú quieres un animal más clasista que el gato? Y la bufanda de la reina de Escocia conserva quinientos años de tradición y valores éticos. Deja que pase un tiempecito y verás cómo ese energúmeno con quien se matrimonió comienza a pegarle porque dizque la adora.

El cóctel de frutas siempre invitó a la banana a la fiesta. Aunque a escondidas todo el mundo reconoce al mango como el rey de la selva. Porque alimenta, llena, alegra y canta bien. Y es un rubio aunque sabe a malta. Que las guerras de colonización se hicieron por el café. Está claro: cuando te ganes la lotería vas a creer en la suerte. Si te suicidas no vas a querer volver a estar muerto. ¿Has probado el cajuil anoréxico?

Alunizajes de artistas viejevos

Alunizajes de artistas viejevos

Considerando que el tiempo histórico se acelera pues terminaron encerrados en la cárcel algunos delincuentes de cuello blanco, y no tienen los enamorados que esperar ninguna cita para negociar emociones por la pantalla de una videollamada, los alunizajes de artistas viejevos se van implementando con estratégica lógica, sublime espontaneidad y sobretodo, por la necesidad de ganar dinero para vivir que siguen teniendo los vivos así ya no tengan juventud en sus rostros.

Los alunizajes en Madrid se definen como el excelente uso de los coches con el propósito de derribar de un solo golpe vitrinas y reputaciones, leyendas urbanas según las cuales nunca nadie había robado aquí. La excelsa gloria consiste en cometer un atraco rompiendo murallas, haciendo trizas escaparates y ventanas blindadas. Los servicios de seguridad quedan burlados cuando un viejevo artista se cuela en la recepción a los embajadores extranjeros y hace promoción de sus pinturas. El máximo representante de Noruega compra los cuadros mediocres pintados por impostores, pues eso de hacerse pasar por artista cautiva. El delincuente aficionado entra en la tienda por la vitrina derribada pero no atina a robar las joyas más caras.

Los artistas, esos neuróticos que tallando piedras esculpen figuras humanas, caminos en espiral, montañas rojas o poemas tridimensionales, disponen de un segundo para colocar sin permiso y en el tablero o mural de la universidad, un anuncio que dice: Correcciones de estilo. Les cambiamos el aceite a sus caducas figuras de pensamiento y le sugerimos metáforas tipo gasolina Premium. Escriba menos si quiere hablar más. Evite vocablos o giros populistas tipo justicia social, mantequilla de maní, pescado frito, inmigrantes analfabetos o sexo anal, pues van contra corriente aunque también caminan contracorriente los criterios para justificar el alza de impuestos y los proyectos de ley a favor de las poetas solteras.

El éxito de los alunizajes está en robarse toda la ropa de la tienda en el menor tiempo posible, en especial los microbikinis. Tuvo su oportunidad Hugo Chávez en las Naciones Unidas y dijo cien verdades en menos de cien minutos. Está harto probado. Existen actualmente muchas variantes del alunizaje importado de Europa. Y lo que se dice original no lo es tanto. Les pedían los enamorados limonada fría a la madre de la chica para besarse vestidos en el medio de la sala, con lámparas en las esquinas y fotos de tatarabuelos en las paredes. El alunizaje estilo polvo de gallo aún tiene su fanaticada, porque el orgasmo express sabe a gloria, no lo niegues, compañera. Hacer el amor en los vestidores implica el placer del peligro y la aventura de realizar algo prohibido en la vida, si quieres vivirla.

Los artistas viejevos irrumpen en los discursos de oradores, promocioneros de otra vida después de la muerte, y de intelectuales cinco estrellas pues que tienen opinión para todos los temas. El alunizaje consiste en soltar a medio volumen, un alambicado argumento muy artista en su forma con la cual solicitar ayuda económica para los desamparados. Los que no tienen casa. Los que se quedaron sin juventud. Aquellos que no saben ganar dinero.

No se ha podido explicar cómo lo logró, pero exento está de cadena perpetua el arista viejevo que pudo burlar la zona de seguridad del presidente. Las crónicas de los alunizajes extraordinarios coinciden en periodísticamente escribir: La señora tan entradita en edad, atrapó al presidente con un apretón de manos y le arrebató el micrófono, luego lo dijo ella locuaz, asertiva y con salsa mil islas: Soberanía Nacional significa dejar de pagar la deuda externa. Las piedras que trajeron los astronautas de la luna las fabrica en mi pueblo un artista loco que se hace llamar Dalí.

Pasatiempos frustrantes

Pasatiempos frustrantes

Pues eso de leerles las cartas a los ciegos se transforma en una variante del espionaje tolerado. Otra experiencia en la cual cuando sale el tiro por la culata, duele. Ayudar al prójimo es tan difícil como darle forma a los croissants, una habilidad que en principio todas las personas poseemos. Teóricamente ejercer la abogacía permite hacer alardes de un discurso asertivo. Tan logrado el equilibrio en la comunicación oral que resulta desalentador tratar a los acusados como inocentes. Rezar con la abuelita en el cementerio parecía cosa de acompañarla por un buen rato, sin embargo, lleva una hora discutiendo con el marido fenecido.

Practicarle la autopsia al aguacate también se interpretaba como una actividad interesante. La mayoría de las frutas tienen corazón y un porcentaje de silicio, magnesio y pelos rizados en su estructura molecular. El gallardo profesor de derecho internacional rebosa de azufre, cultura general, dientes sanos y trofeos de campeón de ajedrez. Y tiene un corazón de melón que lo hace generoso y adorable. Dice que da clases para no estar solo, para ser el rey de los alumnos por un rato. Eso de ejercer la docencia es un pasatiempo frustrante. Tanta biología animal con su exquisita redundancia de conceptos y sensaciones, y el veterinario gana más dinero hablando en inglés con los perros.

Pasatiempos, distracciones, entretenimientos. Alguna vez se exhibió usted con toga y birrete, lingüística y doble sueldo como relacionador público del Banco Central, pues sin el factor lúdico tampoco se puede permanecer dos horas a solas con un microscopio. En teoría es más que probable descubrir presencia extraterrestre en la pulpa de los melocotones. Pero en la práctica nadie se ha encontrado un billete de cien mil pesos en el asiento de un autobús.

La parte lúdica de salir a caminar sin tener que pensar en el dinero, arrastra a las jubiladas a la aventura, que bien miradas, las yeguas en los campos andan desnudas. Y según la biología animal, es una popola la almendra por la mitad que llevan como disimuladas abajo entre las piernas. La estética se define como aquello que soborna los sentidos y hace pasar por hermosa la figura obesa de la mujer que disfruta viajando en autobuses. Al principio del principio porque todo depende del FMI, del chocolate suizo, la antena parabólica, y de la edad de los diputados en funciones, así como de la calidad de las medias para realizar las tareas más ingratas, o el pago de los impuestos.

En teoría eso de asistir a las reuniones del partido era un pasatiempo para salir de casa y encontrar novio. El esposo ideal tiene un fuerte sentido de pertenencia a su comunidad. Sueña con hijos neurocirujanos, que una cosa es ser doctorcito de las vías digestivas, esas que funcionan siguiendo el rumbo de la osa menor, si es que las estrellas no son otro cuento de las películas taquilleras; y otra cosa es poner el verbo de la oración a doscientos metros del sujeto. Por eso muchos lectores prefieren hijas responsables, centradas. En la vida real se necesita comer bien y hacer el amor vegetariano, es decir, en el techo del edificio donde hasta los cometas pasan anunciando el fin del mundo, para tener como tema central de una conversación amena las virtudes de las aspirinas contra infartos.

Bien observada la escena y los actores, resulta frustrante sembrar arbolitos durante la jornada de reforestación nacional. Los ciegos exigen que el voluntario lea las noticias sobre atracos, linchamientos públicos y delincuencia en la tercera edad. Hay que coger y dejar repetía doña Gilda. Mira por dónde. Delincuencia aumenta entre los pensionados. Rechazada la tesis, comandante, no hay pasatiempos frustrantes. Hasta en las pesadillas se goza.

La nomenclatura detrás de los concursos

La nomenclatura detrás de los concursos

Porque ya nada es lo que parece, dice el estribillo. La omelette de huevos de codorniz se confunde por su aspecto exterior con un revoltillo emburujado de cebollas de patio y tomates caros, pero son biografías muy distintas. El color de los lápices de colores proyecta su esplendor según la mano que lo controla. Siempre hay algo detrás de algo. Los metamensajes suelen vehiculizar las claves ideológicas con las cuales estamos comunicándonos con el prójimo.

Los espectadores hombres de los concursos de belleza protestan cuando se elige a la más fea como la reina del asopado de gallina, pues no sólo se reconoce la sexualidad de las curvas, sino que tácitamente cierto es que brillan las feas por su sabrosura. Todo un complot pero sin las armas de fuego, decidió que este año ganarían las feas bonitas. El francés director ejecutivo o Ceo de la Citroen viene imponiendo desde hace unos cuarenta años, una estética Citroen para automóviles ganadora en muchos concursos. Que el dinero es la sangre que mueve al mundo.

Saben muy bien los jurados que ellos forman parte de la nomenclatura que raras veces premia a los artistas sobresalientes. Pues los nombres desconocidos bloquean la venta de la música comercial. No podía ser electo presidente de los Estados Unidos el ecologista Al Gore. Y hasta en los concursos de quien se coma más de cuarenta arepas de choclo rellenas de fraude. Nada es lo que parece. La estrategia consiste en pagarle el hotel y las chicas a un flaquito de La Sierra popularmente conocido por tener un estómago barril sin fondo. Una mano oscura le escribió el sobrecito que amenaza: O ganas el concurso o tu padre se queda contando ovejas blancas allá en las nubes.

La nomenclatura o clase privilegiada que gobernó en la Unión Soviética de Gorbachov, fue un mal necesario. La maquinaria industrial cada vez más sofisticada, responde positivamente a esa mano oscura llamada mercado, ese Olimpo sin dioses. Y afirma la politología que detrás del poder está el dinero. Y afirma la teología ortodoxa que nada malo tiene devengar un interés por dinero prestado. Nada malo tiene darle el premio literario al más carismático. También se justifica con mucho silencio, clientelismo partidista, y vino francés, la elección de los miembros del jurado. Sin embargo, y excepcionalmente, es hora de apoyar las zonas francas donde se fabrica ropa para tallas grandes. Entre el jurado era habitual ver a Pavarotti, un extra large, mejor tenor del siglo veinte. Por su naturaleza bonachona, el italiano bajaba la guardia constantemente, y es cuando se aprovecha para imponer una decisión injusta. La mortadela del año se la dieron a una región en teoría atractiva para el turismo. Eso de ser justo dejó de tener su epistemología; todo es relativo; no ganó porque sea un buen diseñador de ropa, ganó porque está muy viejo, es rico y se lleva bien con la alfombra roja.

La nomenclatura pasada por los rayos laser, evidencia un alto componente de números. Y esto es lo que entiende la gente, dice el neoliberalismo. El que vende más es mejor escritor. Si usted habla de un motor fabricado con dos motores, uno de gasolina y otro eléctrico estamos hablando de un híbrido. Cosa hecha de varias cosas. Razonamiento objetivo deductivo. Un don Juan es otro híbrido porque resulta de la combinación cuantitativa de un viejo joven con una mochila cargada de placer para deleitar a quienes saben gozar la vida. El hedonismo materialista capitalista hace tiempo que es una premisa a la cual todo jurado debe adaptarse: el motel aquí y ahora. Que premian a los campeones de boxeo con un año de anticipación. Y a la chica culo del año 2014 no le dejan otra opción que ofrecerles tarifa especial a los jurados culófagos.